Editorial
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  100 SECRETOS VALLECAUCANOS

la Basílica del Señor de Los Milagros en Guadalajara de Buga es el sitio religioso más visitado de Colombia, con más de 900.000 personas al año?


La Basílica de Buga, la que alberga al Señor de los Milagros y que es uno de los más grandes orgullos de los vallecaucanos, está de cumpleaños. Los suyos son cien años llenos de historia, de arte y religión, de visitantes, de momentos celestiales pero también terrenales y, por supuesto, de muchos milagros.

"Durante cien años éste ha sido un lugar de convocatoria, por encima de regiones o ciudades. Desde hace un siglo ha sido un símbolo para el Valle y aunque hay varias basílicas en Colombia la gente siempre piensa en la de Buga", aseguró el rector de la Basílica de la Ciudad Señora, presbítero Noel Londoño.

El religioso no exagera. De hecho, se calcula que cerca de un millón de personas visitan el templo cada año y

sólo en la temporada de Semana Santa alcanza a albergar a 400.000 feligreses. Por algo alrededor de la Basílica se mueven más recursos que los ingresos propios del Municipio, según dijo recientemente el alcalde John Harold Suárez.

Pero la Basílica es más que un símbolo amarrado al turismo. La historia de su fundación está tan llena de curiosidades como la del Crucificado. Según la revista Guía de la Basílica, para construirla fueron necesarias 120.000 arrobas de cal y cuatro millones de ladrillos. Eso sí, el cemento y el hierro brillan por su ausencia en semejante obra de infraestructura.

Aunque para levantarla se necesitó más que eso. De acuerdo con la publicación, todos los domingos, después de las cuatro de la tarde, a los bugueños les correspondió ayudar en su construcción y se tuvieron que adquirir ocho casas y un lote para disponer del terreno que hoy ocupa, que no está de más decir, es desde donde arranca la vía al mar: kilómetro 0 dice en una de sus paredes frontales.

Su condición de templo con más de cien años a cuestas da para muchos más detalles sobre su existencia. En su interior existe un viñedo para la elaboración del vino para consagrar, también hay un órgano tubular, considerado uno de los más sonoros del país, pero con el que sólo se musicaliza la primera y última misa del día; y también 4.466 nichos en los que reposan los restos de padres redentoristas e ilustres bugueños.

Y cómo no hablar de los centenares de milagros de los que ha sido testigo. Un relato del Gobernador de Antioquia es de los últimos que recuerda el Rector: "En Remedios se cayó una mina y a los dos días, durante una visita, el Gobernador le regaló una medalla del Milagroso a una de las esposas de los desaparecidos. Esa misma noche sintieron vibraciones en los rieles de la mina, empezaron a cavar hacia esa dirección y los encontraron sanos y salvos". Pero este es apenas uno de tantos, porque un siglo de existencia da para contar más de una historia, al fin y al cabo cien años no son cualquier cosa.




Tuluá tiene un jardín donde la botánica es más que ciencia?



En pleno corazón del Valle del Cauca, en un área de 154 hectáreas, existe un museo, una colección de guadua y otra de heliconias, conviven desde osos hormigueros hasta guacamayas y tienen presencia hasta lo que los científicos conocen como Cycas y Zamias, otrora alimento de los dinosaurios, hace ya 180 millones de años.

En ese mismo espacio, César López ‘alimenta’ la colección de palmas, pasa horas organizando un banco de germoplasma (semillas) y se divierte viendo colibríes, pues, según dice, el sitio es considerado el primer lugar de avistamiento de estos animales en Colombia y el segundo con diversidad de mariposas.

Por eso es que hoy el Jardín Botáni-co Juan María Céspedes, de Tuluá, próximo a cumplir 39 años de existencia, es uno de los mayores orgullos de los tulueños. De hecho, según César López, administrador del lugar, éste es el más grande de toda Latinoamérica ya que en septiembre de 1967 Víctor Manuel Patiño lo fundó con el ánimo de servir de centro de conservación de la flora autóctona de la región.

“Pero el Jardín fue evolucionando. Cuando se empezó a hablar de la desaparición de especies se introducen plantaciones de otras

regiones y países. Con ese cambio empiezan a llegar animales y ahora nuestro objetivo también es la protección de la fauna”, explica López.

Esas dos vocaciones están presentes en el Museo Etnobotánico, donde las plantas medicinales se “muestran vivas” para que el visitante aprenda de sus propiedades desinflamatorias, coagulantes y tranquilizantes. También en las más de 30 especies de palmas, desde Táparos, Palmichas y Zanconas con las que se está en camino de formar una colección que reúna, por qué no, las 256 especies registradas en Colombia. Y, además, con el banco de germoplasma de guadua, una de las grandes investigaciones del Jardín.

“En 1985 se formó una plantación de bambúes, guaduas y relativos. Se recorrieron todos los municipios del país y se trajeron las especies existentes. A partir de allí se crea, más adelante, el Museo de la Guadua, en el Quindío. Ese sitio es algo así como hijo del Jardín Botánico”, dice López. Y como si todo esto fuera poco, cuenta con el principal herbario del Valle: 16.000 muestras.

Pero el Jardín también ha ido incursionando en el ecoturismo. Aprovechando esas cien hectáreas de bosque seco natural, su vecindad con el río Tuluá, las quebradas La Arenosa y La Valenzuela, ha ido tomando forma la posibilidad de alojarse por días en los lugares que se han adecuado con el fin de acercar al turista a la investigación botánica y, más que eso, a la naturaleza del Valle y el mundo. “Prácticamente, el Jardín es un pulmón verde para el turismo que todo el departamento debe aprovechar”, precisa Luz Marina Gálvez, secretaria de Turismo de la ciudad.