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100 SECRETOS VALLECAUCANOS |
La pasión por la estética y el perfeccionismo de Juan Carlos Velásquez Alvarado lo llevaron a inclinarse por una carrera con pocos exponentes en Colombia: Juez Intercontinental de Gimnasia Masculina Categoría 2. Sólo otro juez en el país se ubica en la misma categoría que hoy ostenta y gracias a su trayectoria de once años tuvo la oportunidad de asistir a los XV Juegos Panamericanos de Río 2007 representando al país.
Con 32 años de edad, Juan Carlos Velásquez es también Diseñador Visual de la Universidad de Caldas, y aunque se crió en Manizales, desde hace seis años vive con su esposa y dos hijos en Cali, lo que lo ha convertido en vallecaucano por adopción. La Cámara de Comercio de Cali tiene el orgullo de contar con su profesionalismo en su Area de Comunicaciones, liderando entre otros procesos, el diseño de la revista ACCION.
Los Juegos Panamericanos de Río fortalecieron su hoja de vida, donde además figura su paso por Leipzig, Alemania, donde tomó y aprobó el Curso Intercontinental de Juzgamiento en Gimnasia Masculina, que sólo se dicta cada cuatro años y que hoy lo tiene entre los mejores de Colombia.
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Juan Carlos Velásquez, Diseñador Visual y
Juez Intercontinental de Gimnasia. |
¿Qué significa ser Juez de Gimnasia en unos Juegos Panamericanos?
Participar en los Juegos tiene dos significados: primero, lo que se hizo antes para estar allá, es decir, contar con una trayectoria importante para ser escogido. Segundo, una vez allá es una responsabilidad muy grande. Un gimnasta se prepara durante años para estar en esta
competencia, y uno como juez igualmente debe prepararse porque el trabajo de ellos también está en manos de uno. Las milésimas en el puntaje son trascendentales en este deporte, lo que implica mucha concentración para hacer un buen papel.
¿Qué es lo más difícil en el momento de juzgar?
Uno vive en una cápsula en la que se tiene que ser muy neutral, es decir, todo lo que puede ser emocionante, como cuando un gimnasta cae perfecto y hay una ovación total, no puede expresarse. Es un reto mayor cuando son gimnastas de su país, pero si hay un punto álgido es la presión que se siente cuando está el público a reventar, los medios y todas las delegaciones pendientes de la calificación que uno le pueda dar.
¿Cuáles han sido sus mayores retos como Juez de Gimnasia?
Como presidente de la Comisión Nacional de Juzgamiento Masculino de la Federación Colombiana coordiné diferentes competencias incluyendo los Juegos Nacionales del 2004. A escala internacional me desempeñé como coordinador local de los Juegos Bolivarianos de Armenia 2005 y los Centroamericanos en Cartagena 2006, también participé en los Juegos Bolivarianos de Ecuador
2001, el Panamericano Juvenil 2002 y los Juegos Panamericanos 2003 en República Dominicana.
¿Cuál ha sido la experiencia más satisfactoria en toda esa trayectoria?
Cada una de las competencias articula una satisfacción total, porque en la carrera de un juez todas esas experiencias lo van enriqueciendo. El nivel más alto es el uno y hacia allá es a donde apunto.
¿La meta son unos Juegos Olímpicos?
Sí, aunque también depende de que se clasifiquen gimnastas del país de uno, porque si no los hay no se tiene derecho a participar. Claro que también depende del apoyo de la Federación Colombiana de Gimnasia, organismo que determina a qué jueces envía a los cam-peonatos mundiales previos. Sucede diferente con los Juegos Panamericanos, ya que sólo asisten los escogidos por la Unión Panamericana de Gimnasia. |
No es exageración ni tampoco coincidencia: los Juegos Panamericanos están hechos para trazar la historia del Valle del Cauca.
Hace 56 años, Colombia subió por primera vez al podio de los ganadores de medalla de oro con el vallecaucano Jaime Aparicio. 20 años después, en 1971, Cali vio florecer su desarrollo con las instalaciones deportivas y el equipamento urbano que se levantaron para servir de anfitriona de la sexta versión de las justas. Y hoy, la comarca está rebosante de orgullo.
19 de las 48 medallas que consiguió la selección Colombia en los pasados Juegos Panamericanos, realizados en Río de Janeiro, tienen sello vallecaucano y cinco de ellas fueron doradas. En otras palabras, el 32% de las medallas de oro fue una conquista de deportistas de la región.
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Jackeline Rentería disputando la medalla de oro en Lucha
Libre en
los Juegos Panamericanos Río 2007. |
"Tuvimos un 'bache' en años anteriores y ahora estamos en proceso de recuperación. El Valle en este momento es primero en todo. Lo mismo que ocurrió en los Juegos de Río pasó con los Juegos Centroamericanos y del Caribe, los Suramericanos de Argentina y los Bolivarianos", aseguró Luis Fernando Martínez, gerente de Indervalle.
Pesas, patinaje, lucha, karate, ciclismo y judo fueron algunas de esas disciplinas en las que los vallecaucanos sacaron la cara por la región. Y los nombres de Jorge Luis Cifuentes, Leidy Yessenia Solís y Laura Valentina Abril son apenas algunos de los que permanecerán en el podio de la historia deportiva del departamento.
Eso sí, el objetivo es que no sean los últimos. Indervalle tiene retos trazados y sueños construidos con los Juegos Olímpicos de Beijing y en los Juegos Nacionales, a los que serviremos de sede en noviembre del 2008.
La otrora estrella de los 400 metros
con vallas, Jaime Aparicio, no lo pone en duda y atribuye gran parte de esa racha ganadora a un "ambiente" deportivo que no está sólo en el estadio Pascual Guerrero, el patinódromo aún sin bautizar o las canchas Panamericanas. Es un espíritu que se toma colegios, parques y calles, que aturde más que los pitos de entrenamiento y se percibe desde Jamundí hasta El Águila.
"Por eso es que los deportistas del Valle todavía pesan en el ambiente deportivo de Colombia. Somos el aporte más grande de todos, el más fuerte y eso es motivo de orgullo", puntualizó el ex competidor. |

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En Bitaco, corregimiento de La Cumbre, las trochas huelen a manzanilla, los jardines ema
nan el olor dulce de la hierba buena y por sus campos brota el aroma del té. Son ‘perfumes’ sutiles, casi imperceptibles, pero no importa. La inmensidad de los plantíos, 60 hectáreas en total y una que otra parcela escondida, hacen que el olfato busque la manera de disfrutar de esa vista.
Y tiene por qué hacerlo. Esta tierra, de esas muchas en las que el clima le tiene garantizado un espacio en el turismo regional, es además privilegiada para el cultivo del té, ya sea del ‘chino’, ‘assamico’ o ‘intermedio’. Se dice que es la altura, los suelos o, incluso, la mano de obra, pero el hecho es que es el único lugar de Colombia en el que se esculca la tierra para sembrar esos arbustos verdes que crecen silvestres en el extremo Oriente del mundo, que empezó en China como costumbre y hoy dan la vuelta al mundo en bolsitas para usar en infusión.
Eso lo sabe Jorge Aranda, un cultivador de té de 44 años, que llegó a ese oficio no por convicción ni por gusto. Es algo así como el |
destino trazado que ya tienen todos los moradores de estas tierras. “Casi la mayoría de los bitaqueños hemos pasado por esto, ya sea como cultivador o en la fábrica, pero aquí hemos estado”, dice. Flor Lozano, alcaldesa de La Cumbre, no lo discute: “Para Bitaco es una fuente de economía y sobre todo
de trabajo”.
Andrés Velasco, gerente de la empresa Té Hindú y propietaria de los cultivos y la fábrica de la zona, asegura que aproximadamente unas cien familias de Bitaco, poblado de no más de cinco mil personas, dependen de esta industria. “Lo demás, asegura, son pequeñas parcelas, pero en realidad esta es la única empresa formal”, en la que don Jorge corta hojas y llena canastillas para que después Elber Chanchí se dedique a extraer su esencia y a hurgar en sus poderes naturales.
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Él es otra generación de bitaqueños. Tiene 23 años y trabaja en la fábrica desde hace un par de años. “Además de que es la única oportunidad de empleo por estos lados, llega un momento en que a uno le nace hacerlo”, comenta.
Por eso es que en Bitaco no hay quien no sepa de las propiedades medicinales de la citronela, la menta o el cidrón, quien no distinga una hoja de té y lo saque por su color, ni quien no haya disfrutado de la hermosa vista que ofrecen en el campo y, por qué no, de su olor.
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Los 1.850 y 2.000 metros sobre el nivel del mar de la zona permiten que se cultive té de las mejores calidades. Actualmente, existen unas 50 hectáreas de estas plantas y otras 10 de aromáticas. Los cultivos, según la alcaldesa, también han sido considerados un atractivo turístico de la zona y para estudiantes universitarios. |
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