Editorial
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En 2006 las mujeres crearon el 38% de las nuevas empresas registradas en el país. Según la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer el Valle del Cauca es una región con una vocación empresarial bastante arraigada.

Hacer empresa en Colombia dejó de ser una tarea sólo para los hombres. Desde hace un buen tiempo, las mujeres asumieron ese rol y en el 2006 se convirtieron en el 38% del total de nuevos empresarios del país.

La cifra, que corresponde al Global Entrepeneurship Monitor - GEM, de ese año (estudio realizado para Colombia por Comfenalco y las universidades Icesi, Javeriana de Cali, del Norte y Los Andes) revela que si bien se está lejos de un equilibrio entre hombres y mujeres, es por sí solo un indicador del dinamismo que ha tomado el emprendimiento entre las féminas.

"Hemos descubierto que el número de mujeres que toman la decisión de crear empresa es cada día mayor en Colombia y que ahora la mujer está incursionando en los diferentes sectores productivos. Antes eran solo uno o dos", explica la consejera Presidencial para la Equidad de la Mujer, Martha Lucía Vásquez Zawadzky.

Aunque como ella bien lo dice, "la historia de las mujeres empresarias no se ha escrito en el país", algunas cifras sirven para mostrar el desarrollo que el emprendimiento femenino ha logrado en lo últimos años. De acuerdo con el mismo informe GEM, las diferencias entre hombres y mujeres se reducen cada vez más y Colombia es de las naciones que más muestra esta tendencia.

"En países como Bélgica, por ejemplo, mientras había cuatro hombres tratando de crear empresa sólo había una mujer. En Colombia hasta el 2006 esa proporción era de 1,6 a 1", asegura Rodrigo Varela, director del Centro de Desarrollo del Espíritu Empresarial del Icesi -CDEE.

Según el profesional, "Colombia viene de un rezago en la materia, por eso todavía la propensión de las mujeres es menor que la de los hombres, pero ya hay mayor aparición de la mujer en el ámbito de creación de empresas". Y eso es un avance. En ese sentido, el GEM indica que:

» En Colombia, el 75,02% de los hombres considera que tiene las competencias para iniciar una nueva empresa, contra un 59,38% de las mujeres.
» Siete de cada once empresarios lo hacen por oportunidad, mientras que ese indicador en las mujeres es de cuatro de cada siete.
» En el país el 18,6% de los hombres empresarios temen que su empresa fracase frente a un 33,41% de las mujeres.
"Tenemos que reconocer que el Valle es uno de los departamentos donde hay un nivel de desarrollo de las empresarias que está por encima de la mayoría de los departamentos", afirma Martha Lucía Vásquez.

RAZONES Y EFECTOS

Además del ya conocido discurso de la igualdad de géneros, el crecimiento de mujeres creadoras de empresas en el país está relacionado con toda una dinámica social que, según Varela, viene de décadas atrás cuando la mujer empezó a estudiar.

"Por eso, el mejor camino que puede tener una mujer para equilibrar sus objetivos profesionales, económicos y familiares es ser empresaria. Cuando se es empresaria se tiene cierto dominio sobre su tiempo y gústenos o no, hay una serie de actividades familiares que la mujer hace mejor que el hombre y a las que un empleo tradicional no les da acceso fácilmente", dice el Director del CDEE.

Por su parte, la Consejera Presidencial señala que la mayoría de las emprendedoras colombianas se ubican en el segmento de las microempresas y aunque faltan estudios en ese sentido, la entidad a su cargo considera que más de un 50% de las micro del país son creadas y lideradas por mujeres. "Pero muchas de éstas son empresas débiles que carecen de información, que no tienen un amplio conocimiento del mercado, que tradicionalmente no han tenido acceso a la banca formal, que requieren más capacitación y por eso es que desde la Consejería impulsamos programas que promuevan esa cultura empresarial en las mujeres", explica.

Precisamente, cifras de Expoempresaria 2007, iniciativa liderada por la Consejería, muestran la importancia que para el sector económico está tomando ese emprendimiento femenino. Aunque los registros de la feria no se pueden tomar como un dato estadístico de aplicabilidad nacional (se basa en datos de las 491 empresarias participantes), claramente muestran una tendencia para conocer la dinámica de este sector:

» Generan un promedio de 4 empleos por empresa, correspondiendo el 79% a mujeres y el 21% a hombres. Eso indica que la mujer le da empleo a la mujer.
» El tipo de organización prioritario es de empresas unipersonales (71%). Las empresas asociativas y otro tipo (personas naturales) alcanzan el 14% y 15%, respectivamente.
» Pertenecen en un porcentaje importante (59%), a los estratos socioeconómicos medios 3-4, mientras el 22% pertenece a los estratos 1-2 y el 19% a los estratos 5-6.
» Se reparten en proporciones similares, entre los rangos de edad de los 20 - 30 años (26%), 31 - 40 años (31%) y 40 - 50 años (29%), correspondiendo la menor participación a las empresarias mayores de 50 años (14%).
» Son un grupo poblacional con alto nivel educativo. Mientras el 59% ha alcanzado el nivel universitario, el 25% el bachillerato, el 10% el nivel técnico, y solamente el 6.2% la primaria.




Y en toda esa tendencia, el Valle del Cauca marca un punto importante. Según Martha Lucía Vásquez Zawadzky, el departamento siempre se ha distinguido por la altísima participación en la feria y por que la vocación de estas empresarias no se inclina hacia un solo sector productivo, como sí ocurre en otras regiones. El año pasado participaron 60 empresas vallunas, ubicándose en el segundo lugar después de Bogotá.

A todo esto se suma que el 2008 promete ser uno de los mejores años para las emprendedoras de la región. Además de Expoempresaria, a mediados del año se realizará la Primera Feria Regional de la Mujer Empresaria del Pacífico, que tendrá como sede a Cali (reunirá a cinco departamentos), y también se planea crear una asociación para aglutinar a este sector y que tendrá un capítulo Valle.

"La mujer vallecaucana siempre ha tenido liderazgo en todos los frentes y eso se traduce también en el tema del mercado empresarial. Y por todo eso que hemos encontrado es que se ha fortalecido la alianza con la Cámara de Comercio de Cali, porque da igual si encontramos el talento, pero no se apoya", puntualiza la Consejera.
LAS FERIAS

Expoempresaria es una iniciativa que surgió en respuesta a las necesidades de las empresarias en cuanto a comercialización; no obstante, en los últimos cuatro años la feria ha servido para identificar otras necesidades de las emprendedoras y que se intentarán suplir a lo largo del año.

De acuerdo con la consejera Presidencial para la Equidad de la Mujer, Martha Lucía Vásquez, "se ha encontrado que había que ofrecer una respuesta al tema de la capacitación y a los servicios financieros, por eso en el 2008 pusimos en marcha un programa denominado Programa Nacional para el Desarrollo Integral de la Mujer Empresaria, que tendrá jornadas de promoción en todos los departamentos".

Adicional a ello, entre el 29 de mayo y el 1 de junio, se realizará la Primera Feria Regional de la Mujer Empresaria Pacífico que reunirá a representantes de cinco departamentos del país. Representantes de Chocó, Antioquia, Cauca, Nariño y Valle del Cauca se darán cita en el Centro de Eventos Valle del Pacífico, para presentar sus empresas en sectores productivos como alimentos, artesanías, confecciones, cuero y marroquinería.





Cuatro historias de mujeres que impulsadas por la necesidad, la oportunidad y los sueños sacaron adelante proyectos empresariales.




Seis metros de tela y unas tijeras prestadas quizás no sean suficientes para montar una empresa, pero a Luz Emilia Idrobo, le alcanzaron para, por lo menos, hacer los primeros diseños de Pettit Baby, microempresa que hoy surte almacenes de cadena en Cali y a pequeños clientes de Pasto, Bogotá, Palmira y Villavicencio.

Su historia como empresaria se remonta al 2002, cuando tenía 32 años, acababa de tener su primer hijo, la fábrica de confección en la cual laboraba cerró y ni siquiera la trasnochaba la idea de hacer empresa. Pero las necesidades del hogar y su nueva condición laboral la pusieron a pensar:

“Con parte de la liquidación compré unas telas y empecé a hacer pijamas, cobijas y camisas. Después, con plata prestada me compré la collarín y la fileteadora”.

Apretujada en un salón de su casa instaló las máquinas, improvisó un sencillo exhibidor, se registró en la Cámara de Comercio, compró un
fax y contrató a dos personas más. “Me dio miedo que no me alcanzara para pagar sueldos, pero seguí adelante”, recuerda.

Y es que los temores han sido una constante en su labor, pero de ninguno se ha dejado vencer. Ni siquiera cuando en su primera venta, el cliente se marchó con la mercancía bajo el brazo y la promesa de volver. “Esa sí fue una desilusión grande, apenas empezando y ya estaba perdiendo”, dice la propietaria de esta microempresa que produce 700 prendas mensuales y que sueña con exportar algún día.



“Yo estaba trabajando como administradora de empresas, cuando una persona me ofreció el taller. Me pareció interesante trabajar por mi cuenta, buscar mi propio desarrollo y me lancé. Aquí voy y no me puedo quejar”. Y, Antonia Pérez, no tiene por qué hacerlo.

Su microempresa Sol y Lunita, dedicada a la confección de ropa para hogar, tiene una facturación promedio de 6 millones de pesos mensuales, su principal cliente es uno de los almacenes de confección más grandes de la ciudad y emplea a tres personas.

Todo esto no ha sido producto de la casualidad. Desde hace nueve años, Antonia ha estado al frente del taller valiéndose de su experiencia y sus conocimientos comerciales. “No tengo una organización tecnificada, todo lo que se desarrolla aquí es de una forma muy empírica, pero con mucho empeño, sobre todo eso”, dice esta mujer de nacionalidad española residente en Cali desde hace 25 años.

Para ella no era nuevo comprar al por mayor, tratar con clientes, ni mucho menos aprender a conocer las tendencias del mercado, pero la apuesta de la independencia laboral no era
sencilla. “Al principio me dio miedo, pero me di cuenta de que todo son ganas y decisión de hacerlo. No había razón para no poder sacar esto adelante”, asegura.




Los cubiertos decorados que fabrica De Lo Urbano, la microempresa que dirige Conchita Correa, hoy no serán únicos en el mercado, pero sí fueron los primeros, por lo menos en Colombia. La idea de decorar cucharas, pinchos y palitas le surgió de un regalo que recibió de la India y la posibilidad de comercializarlos llegó con la admiración que causaron.

“Así el negocio fue creciendo. Conseguí un proveedor, saqué la línea, diseñé el empaque y exploré el mercado de las ferias. Entendí que ese no era un mercado para mi producto y me dediqué a buscar otro clientes”, cuenta la mujer.

En esa búsqueda ha dado con clientes en Medellín, Bogotá y Pereira, además de Cali, en donde por demás “me salió competencia. Me copiaron los modelos. Me dije ‘no importa, todo el mundo confecciona bluyines y para todo el mundo hay mercado’. Además hay que ver que en términos de pro-ducción los clientes que tengo son los que puedo atender”.

Eso lo comprendió también el día en que, a
través de su página web, la contactaron de una comercializadora africana para que fabricara 10.000 unidades. “Ese volumen es de grandes ligas, me asusté y lo rechacé”, cuenta Conchita, una abogada que hoy emplea a 6 personas con las que mensualmente saca entre 500 y 800 piezas mensuales.

Paradójicamente, frente a un panorama tan prometedor, sus expectativas como empresaria no van más allá de las satisfacciones que ya dice haber alcanzado. “Me he dado cuenta de que desde que uno se meta con compromiso y con orientación, como la que da la Cámara de Comercio, si uno toca las puertas bien tocadas no hay temor de que no se las abran”, puntualiza.




Podría decirse que los inicios de La Artesana se remontan a cuando Gloria Wallens, su propietaria, apenas tenía 7 años de edad. En ese entonces, le ayudaba a su abuela a hacer colchas, “a pegar los retazos en la máquina, así el pie no me alcanzara”, recuerda. A partir de ese instante, surgió en esta roldanillense la pasión por las actividades manuales. Más tarde llegaría el espíritu empresarial.

“De pronto, después de estudiar artes y oficios pensé en diseñar un producto y montar una micro. Empecé con muñequería saliendo a las ferias artesanales. Pero los artesanos no veía-mos un progreso en masa y surgió la Corporación Artesanos Haru”, señala.

Éste es su último esfuerzo por hacer empresa. Allí ha reunido a 32 talleres artesanales de la más alta calidad que, gracias a Artesanías de Colombia, se han capacitado y sacado sus productos a exportación. “Es que desde que uno esté organizado todo lo puede hacer. Gracias a esto los talleres tienen buena capacidad, hemos
llevado buenos productos a mercados como el de Expoartesanías y otros países”, explica la Presidenta de Haru.

Pero las proyecciones de esta empresa van más allá. La idea ahora es tener su propia comercializadora y conformar una Federación Departamental de Artesanos y Mecateros.

Mientras esto ocurre, Wallens seguirá sintiéndose satisfecha por lo alcanzado hasta ahora. “Haru es una empresa donde todos recibimos porque somos socios, la mayoría son talleres familiares y donde el 99% son mujeres”.