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COLUMNISTA INVITADO |
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Gilberto Saa Navia
Gerente Sainc S.A.
Ingenieros Constructores
Cuando me invitó la Revista Acción de la Cámara de Comercio, a escribir un comentario sobre la mujer como empresaria, pensé: menudo lío, pero al instante acepté tan gentil invitación, pues la vida me dio la oportunidad de iniciar una aventura empresarial que me permite apreciar con claridad el tema. Dice el diccionario que empresario es el propietario o directivo de una empresa, de una industria o de un negocio.
Lo primero que se me vino a la cabeza, es la dificultad que se presenta en el país a quien desea crear empleo. Parecería que fuera la lucha del hombre, o para este caso de la mujer, contra el Estado, teniendo como arma la voluntad de salir adelante y como contrincante un fantasma de múltiples cabezas llamado papeleo. Unas veces son las reglamentaciones, otras las cargas impositivas o las obligaciones legales de toda índole que es preciso gestionar ante las tres jerarquías gubernamentales que compiten en ingenio para dificultarle la vida a quienes se atreven a
ser dueños de su destino laboral.
Cali ha contado desde tiempo atrás con excelentes empresarias mujeres especialmente en ciertas áreas y sus aportes al bienestar comunitario han sido loables. Prefiero no mencionar a tantas líderes |
cívicas o culturales, pues el espacio de la revista quedaría copado. Sin embargo, me atrevo a lanzar una idea que compara los añorados años de oro de la ciudad con épocas recientes. Hoy las mujeres tiene una preparación académica en conjunto mucho mejor, abundan los post-grados y especializaciones en campos novedosos y las ejecutivas son eficientes, leales, perspicaces y consagradas a su trabajo. Pero su vinculación a grandes empresas no les deja tiempo para pensar en el entorno en que crecen sus familias. Igual sucede con quienes usamos corbata y nos preocupan más nuestros estados financieros que el progreso armónico de la sociedad a la que nos debemos.
Conversé con algunas damas dedicadas a diferentes actividades, la mayoría de ellas fundadoras de sus propios negocios. Interesante encontrar puntos comunes en sus experiencias. Nunca sintieron que por su situación de género hubiesen sido discriminadas; por el contrario, encontraron apoyo en su familia, en sus amigos o en aquellos que habían sido sus jefes.
En el inicio de sus actividades, la figura de ‘todera’ fue determinante para aprender nuevas cosas y afrontar retos diarios, que con el conocimiento del negocio y especialmente con la de-dicación y disciplina necesarias les brindaron la posibilidad de destacarse en los campos en los que prestan su servicio a la sociedad. Y pensar que existen personas que piensan que fulanita es “muy de buenas”, sin sospechar que detrás del éxito hay centenares de horas de trabajo, incontables jornadas en horas en las que solamente están despiertos los vigilantes, mucho sacrificio familiar, amor por su especialidad y compromiso permanente con sus empleados y sus familias, compromiso que se vuelve con el tiempo un incentivo para seguir adelante.
“Los señores de Cali, de tu generación eran muy dados a creer más en las empresas de consultoría empresarial de Bogotá”, me expresa una de las entrevistadas quien después de doce años de ser empleada, pensó que su independencia le permitiría tener mas tiempo libre para sí misma y para compartir con su familia. Agrega que no fue fácil generar confianza en su capacidad, pero poco a poco con buen servicio y escogiendo colaboradores esporádicos que compartieran principios y valores éticos logró vencer algunas resistencias.
Termino con otro testimonio muy apto para el Mes de la Mujer: “Después de unos años empecé a descubrir que no somos competencia para los hombres. Tenemos fortalezas diferentes y si las aprovechamos y sacamos partido de ellas, salimos adelante”. |
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