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Manos caleñas unidas por la Misión Colombia

Más de 600 cirugías y 6.500 consultas a personas de escasos recursos realizó recientemente la misión médica que se lleva a cabo anualmente en la ciudad, gracias a los esfuerzos del oncólogo caleño Armando Sardi De Lima y al trabajo de la fundación Manos Unidas por Colombia.


Desde Estados Unidos el oncólogo caleño Armando Sardi De Lima da vida a la misión de médicos extranjeros que, desde hace cuatro años, visita Cali para devolverles una esperanza a decenas de personas de escasos recursos económicos, gracias a las cirugías gratuitas que realizan.


Él, quien dirige el Instituto para el Tratamiento del Cáncer del Mercy Medical Center en Baltimore, EE.UU., convenció en el 2006 a la Fundación Hands Across the Americas para realizar la primera ‘Misión Colombia’, cuya más reciente versión se hizo en febrero pasado en los hospitales Isaías Duarte Cancino, Universitario del Valle, Militar de Occidente y Carlos Carmona, así como en la Fundación Valle de Lili y el instituto para Niños Ciegos y Sordos, con la participación de 87 médicos que practicaron 600 cirugías y atendieron 6.500 consultas.
Más de 17.000 personas han sido atendidas en las cuatro jornadas realizadas por la Misión Colombia.


Luz Helena Orozco, directora ejecutiva de
la Fundación Manos Unidas por Colombia.



Héctor Tarraza, Vicky Molina y Christine Werner durante una de las jornadas de ginecología y obstetricia llevadas a cabo en el hospital Carlos Carmona.


Los doctores Gary P. O'Neill, Jennifer Nicole Taylor, Héctor M. Tarraza, Lisa Gail Rubin, Armando Sardi, Christine L. Werner, Chrystal Dawn Bradley, Fedra Witting, Maywin Liu y los voluntarios Chris Montero, Vicky Molina, Ana Verónica Zuluaga, Patricia Sarria y Héctor Arbeláez hicieron parte del equipo Misión Colombia 2009.

Y si el doctor Sardi representa el alma de esta iniciativa, a Luz Helena Orozco le ha correspondido ser el cuerpo. Ella es la presidenta de la Fundación Manos Unidas por Colombia, un voluntariado creado por un grupo de personas convencidas de que en el país hay mucho por hacer en la oferta de servicios de salud y que todos pueden aportar un poco.

A través de esta fundación se gestionan los recursos económicos y logísticos para que las misiones médicas que promueve el doctor Sardi se lleven a cabo sin contratiempos y con éxito. “Esto lo logramos gracias al apoyo de la empresa privada de la ciudad que se ha vinculado tanto con dinero como con productos y servicios”, señala la directiva.

Según Luz Helena, los esfuerzos que se hacen no son pocos, pues realizar estas jornadas de atención médica cuestan alrededor de $200 millones, sin incluir honorarios, transporte y viáticos de los médicos que regalan una semana de trabajo, costean sus pasajes y alojamiento y, como si fuera poco, donan material quirúrgico y algunos equipos médicos.

Misión Colombia, la jornada médica más grande que se realiza en el país, no sólo beneficia a las personas de escasos recursos que reciben atención especializada, sino que se consolida como un evento que congrega la solidaridad de los caleños. La misión más reciente involucró en su organización a cerca de 500 voluntarios entre personal médico, estudiantes de último año de Medicina, traductores, encargados de seguridad, alimentación y transporte.

“La fundación le ha dado una luz a mi vida”
» “Gracias a Manos Unidas y a la Misión Colombia tengo fe de que no voy a quedar ciega, pues nací con glaucoma, que me hizo perder mi ojo izquierdo y por el derecho ya veo muy poco”. Así relata Sandra Janeth Quiceno, una joven de 25 años, su experiencia en la jornada médica que se realizó en la ciudad en febrero pasado.
» Según ella, se enteró de la misión por un anuncio que escuchó en la radio, pero como vive en una vereda de Yumbo llegó tarde a la convocatoria y las citas ya las había asignado. “En las escaleras del Hospital Isaías Duarte Cancino conocí a la señora Luz Helena, quien viendo mi dolor intercedió en mi caso. Ya me han realizado exámenes y estoy próxima a un transplante de córnea que me va a donar la fundación, que también ha corrido con los gastos de consultas y pruebas”.
“Soy madre de tres niños y llevaba ocho años tocando puertas para que se me diera la debida atención médica. Afortunadamente existe gente con un corazón dispuesto a ayudar”, agrega Sandra Janeth.

Tenemos desde médicos especialistas locales hasta estudiantes de bachillerato, como los jóvenes de cuatro colegios bilingües que nos colaboran como traductores. Además, hay un grupo de niños de primaria que hacen tortas y postres para vender a sus vecinos y llevan alcancías a sus colegios para colectar fondos, así el año pasado nos donaron cerca de diez millones de pesos”, señala.

Además de organizar la misión, desde hace un año la fundación también se encarga de brindar almuerzos diarios a 250 niños, entre los 4 y 12 años de edad, que asisten a un comedor del barrio El Vergel.

Y como si fuera poco también trabaja en la reconstrucción de dos salas de cirugía del Hospital Militar de Occidente, que atiende a los soldados heridos en combate o víctimas de las minas antipersonales. “A través de la Armada de los Estados Unidos logramos una donación de equipos y estamos tramitando un convenio con el Hospital Universitario del Valle para que los soldados hagan su trabajo de rehabilitación en la sala de fisioterapia que es la más completa de Latinoamérica”, dice la Directora de la Fundación.