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CRONICA EMPRESARIAL |
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| AFR Computadores le hace el quite
a la crisis a punta de ideas nuevas |
Con la formalización, AFR Computadores inició una nueva etapa y la búsqueda de estrategias para mantenerse vigente se convirtió en una obsesión para Alexis Vásquez, su propietario.
En ese proceso a Alexis se le ocurrió incursionar en la importación de fotocopiadoras de segunda que, según cuenta, parecía un negocio atractivo, pues había una necesidad latente, se requería de personal capacitado y no muchas empresas locales estaban interesadas en ingresar al mercado por su misma complejidad.
“Ahí me di cuenta de que internet es una de las mayores herramientas para un empresario, pero normalmente uno no la ve como esencial en su estrategia y mucho menos para descubrir clientes”, asegura. Por ese medio la empresa vallecaucana encontró proveedores en Canadá y al poco tiempo estaba trayendo
su primer lote de fotocopiadoras.
Tras meses dedicados exclusivamente a estudiar los manuales de las máquinas, a reparar algunas y a echarle ‘lápiz’ al negocio, Alexis se convenció
de que la rentabilidad la conseguiría comprando volumen, lo que implicaba importar por mar y presentó un proyecto para acceder a un crédito bancario por $85 millones, “que en el 2001 era mucha plata”.
“Entonces – recuerda - hicimos las importaciones, alquilamos bodegas, estabamos alcanzados económicamente, pero había movimiento”. Sin embargo, al tiempo descubrió que el negocio tenía un problema: en AFR Computadores la mercancía no rotaba rápido y las cuotas de los bancos los estaban alcanzado. Era el momento de buscar nuevas estrategias, con o sin fotocopiadoras.
“Estando en esas me encontré con un amigo que llegó con un producto chino, lo miramos, lo revisamos, lo instalamos y resultó que servía para que un computador lo utilizaran dos personas al tiempo. Seguimos probando y logramos que una maquina la pudieran usar hasta 9 personas. Me dije: ‘Este sí puede ser el negocio’”.
Esta vez, la nueva meta era el Estado y más exactamente el sector educativo, al que podría llegar con un producto que cambiaría el acceso de los estudiantes a los equipos de computación.
El empresario se dedicó dos años a analizar el negocio y además de estudiar
al derecho y al revés la Ley de Contratación, revisó la regularidad del producto y del negocio y aprendió a hacer lobby. “Me gasté la plata de las fotocopiadoras porque no volví a traer y me atrasé con los bancos, porque le estaba metiendo dinero a la nueva idea. Gastamos dinero entre el Cauca y el Valle, pero no conseguí nada y pensé en Bogotá. Cuando llegué a la Secretaría de Educación ya estábamos en el 2005”, recuerda.
Para esa época, la crisis había vuelto a la empresa. Un amigo que le había hecho un préstamo por $15 millones la demandó, de los 8 empleados que tenía quedaron sólo tres: su esposa Patricia Fernández, su hermano
Genner y Alexis. Ni su mamá Rubiela, quien lo acompañó desde antes de formalizarse, había querido continuar. “Mi hermano trabajaba localmente, yo viajaba y mi esposa contestaba el teléfono y administraba el negocio. A esas alturas, debíamos $55 millones, más lo del amigo”, asegura. A Bogotá, Alexis llegó en un Renault 12 Modelo 82 que canjeó con un cliente por tres fotocopiadoras. Presentó el proyecto y “a pesar de que con mi olor a carro viejo no tenía cómo hacer un negocio grande”, lo invitaron a nuevas reuniones. En el 2006, todavía sin ganarse un peso y confiando en su negocio, seguía presentando el proyecto. “Yo seguía convencido e insisto en esto porque si los empresarios no estamos convencidos de lo que hacemos no vale la pena hacer empresa”, señala.
Finalmente, en abril, en una de tantas reuniones, las alcaldías menores de Bogotá le dieron el aval al proyecto y se creó un fondo para invertir en dos años. “Me dije: ‘carajo, parece que va a llegar la plata’”, recuerda. Pero la decisión no implicaba un desembolso inmediato. El empresario tuvo que regresar a Cali sin dinero y prometiéndoles a todos que “en junio les pagaba”. |
| No obstante, en el proceso aparecieron problemas y en los meses siguientes AFR Computadores terminó por fuera del negocio. Es más, su idea terminó, como por arte de magia, en manos de otros. |
En la próxima edición: AFR Computadores no se deja vencer por sus competidores y a punta de tropezones se convierte, por fin, en proveedor del Estado.
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