Editorial
Entremeses
 
 

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1910-2010 RELATOS DE UN CENTENARIO



La obra pionera y encargada de impulsar la economía del departamento tardó casi tres décadas en su construcción, pero una vez llegó a Cali, en 1915, partió en dos la historia de la región.

En 1915 decenas de caleños atravesaron eufóricos los mangones del barrio San Nicolás y presenciaron uno de los momentos más importantes de la historia vallecaucana. Desde y allí y caminando hacia abajo, según relatan los libros, podían escuchar el pito de la locomotora que avisaba su primer arribo a Cali procedente de Buenaventura.

Para ese entonces, el pian, el paludismo, los animales y la lluvia empezaban a ser un recuerdo en la lucha que se había librado desde 1878, mientras se derribaba el tapón del Dagua, para abrirle paso al ferrocarril que sacaría al Valle del Cauca hacia el Pacífico.

La euforia tenía su razón de ser. Habían transcurrido casi tres décadas desde que se iniciaron los trabajos de una obra que prometía reducir a unas cuantas horas una peligrosa travesía que tomaba más de seis días y en la que se solían perder las mercancías.



» Hasta mediados del Siglo XX el déficit de energía en el Valle era alto. Por esa razón, las primeras industrias del departamento contaban con plantas generadoras en sus fábricas. Incluso un censo de la época registró que en 1945 el 67,6% de la energía utilizada por la industria manufacturera vallecaucana era generada por las empresas industriales para su propio uso. La situación empezó a cambiar con la puesta en operación de la Central Hidroeléctrica del Río Anchicayá y la Termoeléctrica de Yumbo.
 
» En 1913 Jorge Zawadsky trajo el primer automóvil a la ciudad. Según relatos de la época, como las calles tenían un declive hacia el centro para el desagüe y ante la falta de pericia del mecánico que lo condujo en esa primera oportunidad, el carro se estrelló.
» Las ciudades de Buga y Tuluá fueron pioneras en la construcción de teatros. El primero de ellos, llamado Mercado Cubierto y ubicado en Tuluá, abrió sus puertas en 1916. En esa misma ciudad ya se había iniciado la construcción del Teatro Sarmiento y en 1921 se inauguraba el Teatro Municipal de Buga.

A partir de entonces, la movilización de carga por vía férrea aumentó siete veces y la de pasajeros 40 veces respecto a 1908, cuando este transporte sólo llegaba a Dagua. La conexión entre Cali y el Pacífico, el sueño que tanto anhelaban los vallecaucanos, era un hecho.

Y a medida que entraban en funcionamiento distintos tramos, cubriendo el resto del Valle, se intensificó el uso de este medio de transporte. Reportes de la época precisan que para 1917 entre Buenaventura y Cali se movilizaban 201.301 pasajeros, 51.912 toneladas de carga y 13.641 animales. Asimismo, en 1919, entre el puerto y Guacarí, se transportaban 332.624 pasajeros, 65.616 toneladas de carga y 25.371 animales.

Su importancia era innegable y en todas las esferas. En las actas de la Cámara de Comercio de Cali aparece cómo año tras año y desde antes de su llegada a Cali, entre los empresarios era motivo de preocupación y, por supuesto, de gestión, todo lo correspondiente al contrato de construcción, la conformación de la junta directiva del Ferrocarril, un empréstito de un millón de libras esterlinas ofrecido por la firma Lazard Brothers, los problemas por falta de personal, las reducciones en las tarifas y una estación y bodega en la capital del Valle, entre muchos otros.

En el trajín diario de los ciudadanos y en el plano empresarial, los pequeños puertos sobre el río Cauca, así como los caminos que unían municipios, pasaron a un segundo plano. Pero esto también generó conflictos regionalistas entre la costa norte y el Occidente colombiano. "(...) La pasada convención regional que se reunió en Cali puso en evidencia el propósito de acaparar para las secciones del Pacífico toda la actividad económica y todo el tráfico del país, con detrimento de la gran vía natural del río Magdalena y con grave perjuicio de los pueblos ribereños", decía el diario samario 'El Estado'.

Mientras tanto, en el Valle el viejo proyecto de un carreteable que uniera a Buenaventura y Cali, seguía vivo. En 1925 se firmó la ordenanza No. 25 que decretaba la construcción de un camino "que partiendo del punto de Tocotá y El Carmen, transmonte la Cordillera Occidental y pasando por la región de Queremal, vaya a buscar las márgenes del Dagua, Anchicayá y demás ríos que desembocan en el mar Pacífico".

Pero ésta, hasta ese momento, era una obra complementaria - igual que la construcción de un muelle en el puerto -, a ese gran proyecto de infraestructura con el que la economía vallecaucana tomó un nuevo rumbo. Fue en esta época en la que las tierras del valle geográfico del río Cauca se valorizaron más, aparecieron nuevos ingenios azucareros e incluso se invitaron misiones extranjeras como la Chardón, que promovieron el desarrollo agrícola de la región.

Sólo la crisis de 1930 vino a frenar esa buena racha para el desarrollo económico de la comarca, pero hasta ese momento los hechos le estaban dando la razón a la dirigencia del Valle del Cauca de que definitivamente la salida al mar por Buenaventura era el motor del departamento y el Suroccidente colombiano.

» Al finalizar la primera década del Siglo XX, Cali, Palmira, Buga, Buenaventura, Tuluá y Cartago concentraban la mayoría de casas comerciales que figuraban bajo la modalidad de sociedades regulares colectivas. Las únicas sociedades anónimas que existían en ese entonces eran el Banco Hipotecario del Pacífico y las compañías de electricidad de Cali, Palmira, Buga y Tuluá.
» En 1925 una carrera en automóvil dentro de la ciudad costaba $1.00, la tarifa de autobús a Palmira era de $1.30, el tiquete de ferrocarril a Cartago en primera clase costaba $5.20 y la palabra en el telégrafo tenía un precio de 2 centavos en español.
 
» Para la década de los veinte funcionaban en la región tres periódicos: Correo del Cauca, El Relator y La Orientación. En 1922 apareció el diario La Batalla.
» Servicios como el teléfono se desarrollaron muy lentamente en el departamento, al punto que en 1914 se instaló una planta telefónica con capacidad para 500 teléfonos, pero para la inauguración sólo había 38 suscriptores. Más adelante, en todo el Valle se instalaron 971. En 1952 existían en Cali 5.600 líneas y a partir de entonces comenzó un periodo de rápido crecimiento.

UN TESTIMONIO DE LA EPOCA
» Texto de telegrama enviado por la Cámara de Comercio de Cali a Rafael Barberi, en enero 14 de 1930, con ocasión de la crisis financiera mundial, en donde se evidencia que, tal como ocurre hoy, las obras de infraestructura tuvieron un papel fundamental en la generación de empleo.

"Problema desocupados este Departamento uno más graves país, con suspensión total obras públicas departamentales, municipales y poquísimas adelantándose cuenta nación como Palacio Nacional que ocupa ciento cincuenta hombres. Ferrocarril licenciado muchos centenares y escasez carga Buenaventura, aumenta número de desocupados. Prácticamente únicas obras empleando algún número trabajadores son carretera al mar, talleres ferrocarril, extensiones telefonía. Sugerímosle trabajar por ningún motivo suspéndanse malecón Buenaventura... Palacio Nacional Cali podría emplear muchos brazos en trabajos techo, enlucido interior, pisos, dejando obras costosas requieren materiales extranjeros como puertas, ventanas, adornos, etc., para después... Urgentísimo conseguir saldo dineros destinados granja agrícola, pero que gírense directamente secretario industrias, quien tiene plan dar ocupación infinidad brazos con escaso jornal..."