Editorial
Entremeses
 
 

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Fruti Helen trazó trazó su nuevo rumbo
ajustándose al mercado

A finales de la década de los noventa, la permanente iliquidez con la que sobrevivía Fruti Helen producto de las difíciles circunstancias en las que operaba (tres locales en arriendo y el transporte entre uno y otro perjudicaban las condiciones de refrigeración de los productos), llevó a sus propietarios a considerar la peor de las alternativas: vender la empresa.

Dora Elisa López, una de las propietarias y gerente general de la compañía, sacó las cuentas, revisó esa posibilidad y sin dudarlo empezó a ofrecerla a más de uno. No obstante, en el camino se encontró con ofertas poco tentadoras. “La empresa la querían a precio bajo no me ofrecían nada por ella y pensé ‘tenaz que todo lo que he hecho en tanto tiempo valga tan poco’”, recuerda.

Pero esa misma situación sirvió de motivación para seguir adelante con su sueño emprendedor. No era sencillo, sobre todo cuando la solución pasaba por disminuir gastos por alquileres y el instalarse en un buen local implicaba hacer grandes adecuaciones para la conservación de las frutas y los productos. Mejor dicho, mientras los balances de la empresa urgían por ‘apretarse el cinturón’, su futuro también dependía de grandes inversiones.
Para Dora Elisa, uno de los mayores apoyos recibidos en la búsqueda de consolidar su proyecto de hacer empresa los encontró en entidades como el Sena, el gremio de las pymes con el Programa de Desarrollo Empresarial - Prodes, y la Cámara de
Comercio de Cali.

Ese dilema se resolvió pronto con un poco de suerte y también inteligencia. Por referencias de uno de sus pro
veedores conoció de una bodega de 2.000 metros cuadrados en el barrio Junín, que si bien era más parqueadero que instalaciones internas, contaba con cuartos fríos y una serie de adecuaciones que disminuían hasta en $20 millones los costos de un traslado.

Ahí entró en juego una de las estrategias con las que Dora Elisa ha logrado mantenerse a flote a pesar de las dificultades. “Siempre fui muy cuidadosa con las centrales de crédito, de manera que siempre pagaba y así los bancos siempre me abrieron las puertas”, explica.

Fruti Helen empezó el 2000 con un nuevo crédito, se trasladó a otras instalaciones y aprovechó las nuevas condiciones de la empresa para sacarle jugo a la credibilidad que tenía con sus clientes. De esta manera, satisfacer las necesidades de buenas prácticas de manufactura que le exigían grandes empresas era más fácil de alcanzar.

El futuro del negocio empezaba a mostrar una mejor cara. Además, con el apoyo de diferentes entidades identificó problemas y soluciones que la obligaron a renovar equipos y cambiar de proveedor de energía; decisiones que si bien implicaron gastos, al mediano plazo significarían una reducción de los mismos.

Por esa misma época también manufacturó la primera maquila para una exportación a los Estados Unidos y Europa, experiencia que le permitió a la empresa proyectarse al mercado internacional y adquirir algunos activos.

Pero los buenos vientos no durarían mucho. Había transcurrido casi un lustro desde que el negocio de Dora Elisa y María Elena estaba en su cómoda sede en Junín, cuando nuevamente el mercado les puso duras pruebas al exigirles certificaciones de calidad y cumplimiento del Decreto 3075 para mantenerse en el selecto grupo de proveedores de sus más importantes clientes.

El reto era grande, pues una certificación y acatar la ley implicaban millonarias inversiones en unas instalaciones que ni siquiera eran de su propiedad. Además, a pesar de que la empresa tenía clientes y reconocimiento, el fantasma de la iliquidez no desaparecía.


En la próxima entrega: Fruti Helen se la juega toda para no salir del mercado y encuentra nuevas oportunidades que le han permitido mantenerse vigente.