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EN PRIMER PLANO |
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| Jorge Cortés y Karla Calle, gerente general y gerente de marketing de Kimel, son una pareja de esposos peruanos que lideran un exitoso proceso de innovación con los bioresiduos de las plantas de alcohol de la región. |
Kimel es una empresa con una larga historia por contar y que a punta de innovación no sólo está alcanzando utilidades, sino mostrándole al mundo el potencial de una de las mejores cosas que tiene el Valle del Cauca: su riqueza natural.
Esta empresa nació en 1996 en Palmira como parte de un grupo español dedicado a la producción de aditivos para construcción, pero después de ires y venires se convirtió en subsidiaria de la Corporación Bioquímica Internacional, de origen peruano, con la que cambió su visión, el mercado y, por supuesto, sus productos.
El fruto de ese trabajo es notorio e, incluso, reconocido, pues el pasado mes de diciembre la empresa ganó el concurso New Ventures de World Resources Institute, que lideró en Colombia la Universidad de Los Andes, e ingresó a un selecto portafolio de empresas verdes innovadoras a escala mundial.
ACCION dialogó con Jorge Cortés y Karla Calle, dos ciudadanos peruanos que, con un equipo de profesionales y técnicos netamente vallecaucano, se han encargado de sacarle provecho a esas ventajas naturales de la región con tecnología e innovación en el tratamiento de los bioresiduos que generan las plantas productoras de alcohol y etanol.
¿Cómo una empresa dedicada a la producción de materia prima para aditivos para la construcción se transforma en fabricante de fertilizantes orgánicos?
Entre 1999 y el 2001, al caer el mercado de la construcción en Colombia, Kimel, empresa de origen español que sólo producía un producto a partir de bioresiduos de las plantas de alcohol, perdió el norte. Incluso cayó en Acuerdo de Reestructuración. Con su único producto la compañía intentó ingresar a otros mercados y en ese proceso se encontró con Corporación Bioquímica Internacional Perú - CBI, dedicada a productos orgánicos para el agro. En el 2004, CBI hizo pruebas con el producto, para el 2006 ya había creado varios con esa misma materia prima y era el cliente más importante de Kimel.
Al año siguiente el grupo español aceptó la propuesta peruana para adquirir a Kimel y a partir de ahí nace una nueva empresa, pues con la amplia experiencia de CBI en agricultura orgánica, Kimel ya sabía qué hacer con los bioresiduos y cómo potencializarlos. |
¿Qué hicieron con estos bioresiduos?
Pudimos sacar un producto tras otro y diversificarlo porque aquí hay gente que conoce mucho del tema, entre profesionales y no profesionales lo que te permite obtener ideas. Hoy tenemos en Colombia 27 productos, de los cuales 17 tienen certificación orgánica y otros 10 están en proceso de certificación, y en Perú tenemos cerca de 180 productos registrados y certificados.
Son muchas las cosas que hacemos que tienen una proyección muy interesante porque el tema orgánico está en su mejor momento. Esto es algo que el Valle tiene que potenciar de alguna manera por la riqueza de su tierra. |
| Kimel es la primera compañía en Colombia y Suramérica que logra estabilizar y acondicionar los bioresiduos de las plantas de alcohol y etanol para la elaboración de fertilizantes orgánico minerales. Actualmente genera 64 empleos, cuenta con una planta de 15.000 metros cuadrados y tiene clientes en gran parte del territorio nacional y comercializadores en varios países de Sur y Centroamérica. |
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¿Entonces su éxito radica en el origen de esa materia orgánica de la que sale el bioresiduo que utilizan para elaborar sus productos?
El tipo de caña y el suelo que tienen ustedes es parte del éxito. La caña es un ser vivo que se alimenta de un suelo rico por lo que sus bioresiduos son altamente aprovechables, siempre y cuando sean tratados bajo procesos específicos. La tecnología con la que empezó a trabajar Kimel era española, pero el Valle es de climas y geografías distintos y los procesos cambiaron, por tal motivo Kimel tiene actualmente registradas 2 patentes para el tratamiento y estabilización de los bioresiduos. Lo que significa que no ha sido sólo transportar las máquinas, sino que la empresa nació con base en lo que existe aquí. Eso se debería potencializar como región.
Cuando preguntas dónde está la tecnología de algún desarrollo no te hablan de una empresa japonesa, te refieren a Japón; esa fue una estrategia que hizo el gobierno de esa nación.
De lo que se trata es de potencializar lo bueno que tiene cada territorio para darle un valor agregado. Entonces por qué el Valle del Cauca no se puede potencializar como tal si tiene unos bioresiduos tan aprovechables, lo que necesitan es saber cómo trabajarlos.
¿En qué condiciones financieras se encuentra la empresa hoy?
El 2009 cerró con casi $4.000 millones de ventas en el mercado nacional y $2.000 millones en exportaciones. El año pasado fue un año difícil, sobre todo en las exportaciones, pero potencializamos la marca y el mercado nacional, para lo cual participamos en diversas ferias y ruedas de negocios internacionales. Este año presupuestamos salir del Acuerdo de Reestructuración y pese a que es un limitante en el aspecto financiero estamos obteniendo reconocimientos como el premio New Venture 2009.
¿Cuáles son los planes y proyecciones de la empresa?
Kimel tiene una línea orgánica que ya está posicionada y acabamos de sacar una nueva línea industrial, proponiendo una forma de aditivos verdes para la construcción, y otra de asesoramiento para las plantas de etanol e ingenios. Volvimos a la línea de aditivos para la construcción pues sabíamos, por los antecedentes de la empresa, que uno de nuestros productos era materia prima para plastificantes. Se realizó mayor inversión en investigación y desarrollo hasta lograr nuestra propia línea de aditivos. En la parte de asesoramiento tenemos en cuenta que nos encontramos en el Valle con un mercado amplio con los ingenios de la región; también tenemos ingenios de Perú, donde van a empezar a montar plantas de etanol; nos estaremos yendo a otros países de Suramérica, y hay un nicho importante en Centroamérica. |
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