Adaptación al cambio climático

Publicado: 16 noviembre, 2012

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación FAO, advierte que alimentar a un planeta más caliente y más poblado es el doble desafío que enfrentará el sector agropecuario en las próximas décadas. 
 
Según la FAO, está previsto que la población mundial crezca hasta los 9.100 millones de personas en 2050 y para alimentarla se requerirá un incremento del 70% en la producción agrícola. 
 
Igualmente, las proyecciones muestran que para esa fecha, es posible que se presenten elevados aumentos en la temperatura, variabilidad del régimen de lluvias que producirán  inundaciones y sequías, incremento de las plagas y enfermedades de animales y plantas, situaciones que afectarán negativamente la agricultura.
 
Un panorama alarmante para el caso colombiano, si se tiene en cuenta el análisis “Agricultura Colombiana: Adaptación al Cambio Climático” publicado por el CIAT, donde se evidencia que el sector agropecuario es el responsable de más de una décima parte del PIB nacional, que el 40% de las exportaciones colombianas corresponde a este sector y que la quinta parte de nuestra población, depende directamente de la agricultura como fuente de empleo. Además, que en la última década, las variaciones climáticas relacionadas con los fenómenos de El Niño y La Niña, dejaron ver que muchos de los agricultores no están en capacidad de manejar efectivamente el riesgo que se deriva de éstos ni de adaptarse a los cambios del clima. 
 
“La agricultura genera materias primas esenciales pero a la vez contribuye a la degradación ambiental. Es renposable del 70% del consuno de agua mundial, 30% de la producción de gases efecto invernadero y 16% de la deforestación”. Kathryn J. Boor, Ph D, Cornell University
 
El análisis también muestra, que para mediados del presente siglo, probablemente, en más del 60% de las áreas actualmente cultivadas, se verá impactado el 80% de los cultivos. El cambio climático, por ende, pondrá en riesgo la agroindustria, las cadenas de abastecimiento y la seguridad alimentaria y nutricional. 
Y lo más preocupante es que sus efectos tendrán el mayor impacto en los productores de escasos recursos y de pequeña escala, que son la gran mayoría en Colombia. Las cifras indican que entre el 50% y el 90% de los productores 
(a excepción de la caña de azúcar que se cultiva principalmente en grandes plantaciones), son pequeños agricultores con fincas de menos de 10 hectáreas. 
 
Reto grande, más no imposible
Así las cosas, reducir el impacto que traerán los cambios en el clima es un  reto  grande, pero no imposible. Para lograrlo, hay que mejorar la gestión agrícola y el uso de los recursos naturales como el agua, la tierra, los bosques, los nutrientes del suelo y los recursos genéticos.
 
Afortunadamente, según informó Andy Jarvis, líder de análisis de políticas del CIAT, el gobierno ya empezó a trabajar en un Plan Nacional de Adaptación, para identificar metas, estrategias de monitoreo, habilidades de adaptación por regiones y el aprovechamiento de las nuevas tecnologías. 
 
Lo propio están haciendo las universidades, los centros de investigación y las empresas, que se enfocan en mejorar la gestión agrícola y el uso de los recursos naturales como el agua, la tierra, los bosques, los nutrientes del suelo y los recursos genéticos.
 
 
Para hacerle frente a los efectos del cambio climático se cuenta con una serie de estrategias agroecológicas, que permiten reducir la utilización de agua e incrementar el uso de abonos orgánicos, los cuales pueden ofrecer beneficios de mitigación, al atrapar el carbono y otros gases de efecto invernadero en la tierra. 
 
Un ejemplo de la buena utilización de dichas estrategias se encuentra en El Hatico, empresa vallecaucana ubicada en el Municipio del Cerrito, de propiedad de la familia Molina Durán, con una tradición de más de dos siglos en la actividad ganadera y agrícola, que a través del tiempo ha trabajado bajo la filosofía de producir para conservar y conservar para producir. 
 
El Hatico, es una reserva natural con una extensión de 288 hectáreas, dentro de las cuales 14 son de bosque, 25 de guaduales nativos y cultivados, 2 de regeneración o sucesión vegetal y corredor biológico, 140 de sistemas silvopastoriles (SSP), 4 de árboles frutales, 100 de cultivo de caña de azúcar orgánica y aproximadamente 40 kilómetros de cercas vivas, conformando un mosaico heterogéneo de hábitats. 
 
Para lograr esta diversidad, sus propietarios han tenido en cuenta la aplicación de principios agroecológicos. En los últimos años, de la mano de la Fundación CIPAV, han logrado avances como la implementación de sistemas agroecológicos, especificamente, sietemas silvopastoriles intensivos – SSPi, una alternativa que permite mezclar forrajes resistentes a la variabilidad del clima con la ganadería y donde los cultivos compensan las emisiones de metano. Con este sistema se mejora el rendimiento y se asegura la provisión constante de alimento animal, aún en caso de sequía. 
 
Igualmente, en El Hatico desde finales de la década de los 80´se viene realizando un manejo agroecológico de la caña de azúcar hasta haber logrado su certificación como cultivo orgánico,  a través de prácticas limpias como la no quema de cañaduzales y el cubrimiento del suelo con material de hojarasca, para  mayor eficiencia en la regulación del agua, utilización de los residuos de cosecha, manejo de fertilizantes orgánicos, y plantas acompañantes. 
 
Los efectos positivos de estos sistemas agroforestales agrícolas y pecuarios, se reflejan en un mejoramiento significativo en las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo y en la conservación de la biodiversidad de la región. Esto sirve de ejemplo para que agricultores, ganaderos y técnicos tomen la decisión de disfrutar de los beneficios ambientales, sociales, biológicos y económicos que se generan mediante el uso adecuado del capital natural.
 
PRODUCTIVIDAD
 
Los Sistemas Silvopastoriles Intensivos en El Hatico, han llevado a la producción de 15.000 litros de leche por hectárea, por año, manteniendo una capacidad de carga de 4,5 vacas por hectárea sin la utilización de fertilizantes, herbicidas e insecticidas. 
 
Después de 20 años de investigación sobre el impacto de la quema antes y después de la cosecha del cultivo de caña de azúcar, en El Hatico, se ha llegado a obtener mayor producción de tallo en los lotes sin quema, comparado con los tratamientos quemados. Además, los beneficios en el suelo son notorios: incremento en la materia orgánica de 1,9% a 3,8% en un lapso de tiempo no mayor a 25 años. Para el 2011 se obtuvieron producciones entre 9 y 11 toneladas de caña por hectárea mes (TCHM) con un promedio de 12 cortes en las suertes cosechadas.
 
 
 
 
 
 
 

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