Un socio obligado

Publicado: 23 mayo, 2011

Por Alfredo Carvajal Sinisterra

Un marido valeroso afirmó: “En mi casa mando yo”. A mi mujer solamente le he dejado tomar las decisiones de menor importancia, como dónde van a estudiar mis hijos, dónde viviremos, qué seguros debemos tomar para el hogar, dónde pasaremos las vacaciones, con quién socializamos, cómo distribuimos nuestro presupuesto, cómo nos alimentamos, etc.

Algo similar nos ocurre en nuestros negocios. Pensamos que somos los dueños, por lo tanto hacemos lo que nos plazca, obviamente si poseemos el control e ignoramos que tenemos un socio obligatorio que se llama Estado. A él le corresponde el 33% de nuestros beneficios económicos, a pesar de que no pone un peso, ni participa en el riesgo del negocio; pero como si esto fuese poco, en caso de que el negocio tenga pérdidas, el Estado también cobra Renta Presuntiva.

No se trata solamente de un socio obligado; por medio de las disposiciones legales, el Estado reglamenta nuestra actividad económica. Con base en sus normaslimita la libertad para disponer de nuestros bienes. Determina la calidad de los productos que fabricamos y regula los servicios que prestamos. A cambio de los impuestos que pagamos, provee educación y salud, servicios indispensables para el bienestar y el desarrollo de todos, incluyendo nuestros descendientes. Mediante el sistema judicial nos asiste para poder convivir en armonía, obviamente, además crea las normas de la convivencia.

Ahora que se acercan las elecciones regionales bien vale la pena reflexionar sobre el rol que le corresponde a la Gobernación y la Alcaldía y sus respectivos órganos legislativos, en la conducción de los negocios. De su desempeño depende en gran medida la educación de los funcionarios que se contraten, desde luego que también, en buena parte, los servicios médicos que ellos reciben, en sus manos está aumentar o disminuir los impuestos locales, sin duda nos afectan las vías por las cuales se transportan los productos o las materias primas.

Podríamos decir que la política es tan importante para el bienestar los negocios, que es un error dejarla solamente en manos de los políticos.

Todos quisiéramos vivir tranquilos y seguros, la convivencia es un factor indispensable para ejercer cualquier tipo de actividad. Tener unos servicios públicos confiables y a precios competitivos es absolutamente necesario para la subsistencia de las empresas. Así podríamos seguir enumerando muchos otros factores que no están bajo el control de los negocios, y de los cuales dependemos para el normal desenvolvimiento de las empresas.

Sin embargo, un sinnúmero de empresarios aún se marginan de las decisiones políticas, en algunos casos las desprecian o desestiman su influencia. Podríamos decir que la política es tan importante para el bienestar los negocios, que es un error dejarla solamente en manos de los políticos. Los empresarios y el ciudadano común deberían tener más incidencia en el devenir político.

La Constitución del 91 y las posteriores reglamentaciones influyeron de manera importante para profesionalizar la carrera política, puesto que establecieron obstáculos para que los ciudadanos pudiesen hacer el tránsito de la actividad privada a la pública o viceversa. Ahora es más difícil para una persona del sector privado participar directamente en la política que en el pasado; sin embargo aún subsisten muchas maneras efectivas de influir correctamente en las decisiones de los organismos del Estado por parte de la ciudadanía, además del voto personal.

Por fortuna en los tiempos modernos la tecnología ha puesto a nuestra disposición herramientas muy eficaces para argumentar, polemizar, difundir ideas y crear consensos. El correo electrónico y las comunidades virtuales son medios muy efectivos para influir, además, claro está, de los tradicionales medios de información.

El sector empresarial que es tan creativo para conducir los negocios, aún en circunstancias adversas, debería utilizar ese inmenso potencial imaginativo, con el fin de encontrar maneras de elegir gobiernos que propicien con mayor efectividad el bien común y estimulen un clima más adecuado para el desenvolvimiento saludable de la actividad económica.

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