“La ribera del río Cali debería ser una galería de arte”

Publicado: 7 julio, 2011

Para el escultor caleño Emilio Hernández Villegas, los artistas tienen que convertirse en empresarios del arte. “Los que estamos metidos en este cuento tenemos que salir a mostrar, lo que pasa es que muchos se rinden en el camino porque es largo”, dice.

En la vida de Emilio Hernández Villegas lo que más abundan son mujeres sensuales y tromponas. Dice que ellas lo inspiran, se esconden en su taller, se le meten en la cabeza y de allí salen cada vez que se entrega a su pasión: moldear la arcilla

Las bautizó ‘Las Divas’. Pero no las quería para él solo y un día las compartió con los caleños. Algunos las calificaron como una interesante apuesta artística; otros – recuerda – dijeron que eran unos “mamarrachos”. Pero eso sí no pasaron desapercibidas. En New York ocurrió igual con otra de sus creaciones, y en marzo pasado fue elegido como el mejor escultor en una feria internacional que acogía a centenares de artistas.

ACCION aprovechó el reciente logro de este arquitecto apasionado por la escultura para hablar sobre sus proyectos y su visión del arte en Cali como industria.

¿Cómo resultó elegido el mejor escultor de una feria en New York?
En el 2008 participé en una convocatoria de la Fundación Aids for Aids para crear una estatuilla que se entrega en la gala de reconocimiento a los donantes de la entidad. Gané la convocatoria y estando allí me convencieron de participar en la Feria Artexpo New York 2011, a pesar de que era un gasto muy grande. Llegué a New York muerto del susto porque eran un promedio de 800 stands de galerías de todo el mundo.

El primer día, cuando sólo van galeristas, el stand se llenó de gente y por último me sorprendieron con un diploma en el que me elegían como el mejor escultor. Es la primera vez que un latinoamericano se gana el premio y es muy satisfactorio saber que fue una lucha mía, que allá estuve sin apoyo de nadie, solo con mi cuento. En esta feria hice contactos de galerías y también vendí al público y vender en New York, a precio de obra, sale incluso al triple de lo que se puede vender acá.
Con la participación en la feria se me abrieron muchas puertas. Y es rico, después de tanto tiempo, demostrarle a la gente que estaba caminando bien, que no era un juego, ni mis esculturas, ni mis divas.

Después de ese logro, ¿cuáles son sus siguientes proyectos?
Por lo pronto, en septiembre el Consulado de Colombia quiere que exponga con ellos, también estoy preparando la gala de Aids for Aids que este año le entrega el premio a Miguel Bosé y hay dos galerías que tienen exposición, para las cuales me estoy preparando.

Y aquí en Cali sigo con las ganas de poner una escultura. Me gusta mucho la ribera del río, sitio que debería volverse una galería de arte. A raíz de la Feria Artexpo me llamaron unos artistas de la ciudad para que trabajemos en una propuesta interesante.

¿Por qué siempre le ha llamado más la atención el arte urbano?
El arte urbano es muy rico, porque es para toda la ciudad. Es muy agradable que unos digan “horrible” y otros piensen “es bellísimo”. El otro tipo de trabajo está en espacios privados y son tres personas las que lo ven y se lo gozan. Por eso siempre he querido hacer arte urbano, siempre he estado a la expectativa de que no decidan cuatro personas, sino la gente, mucha gente.

Hoy se habla mucho de industrias culturales. Desde su experiencia, ¿cuál cree que es la clave para vivir del arte?
No dejarse acorralar y creer en uno. Es cierto que un artista no se puede dejar morir de hambre y yo he tenido la fortuna de tener otra carrera; pero si hago un balance: a mí me conocen más como escultor que como arquitecto y he ganado más con mi pasión que con mi profesión.
Pero no es sólo creer, sino también tener disciplina: seguir haciendo, seguir haciendo. Hoy muchos jóvenes creen que se ‘rebajan’ si montan un negocio; pero si yo tengo talento para pintar, pues hago obras en camisetas y salgo a vender.

Un artista tiene que ser comercial porque sino de qué manera le gusta a la gente y cómo conquista los medios para seguir luchando.

¿Se siente un empresario del arte?
Sí. No soy el mas negociante del mundo y a veces he montado cosas que son más de disfrute. Pero he creído más en mí que en las galerías. Yo iba a las galerías a decir que quería exponer y me tiraban las puertas en la cara, entonces monté mi propia galería. Hoy ya son ellas las que me invitan. Entonces, sí se debe aprender a ser un empresario del arte y los que estamos metidos en este cuento tenemos que salir a mostrar, lo que pasa es que muchos se rinden en el camino porque es largo.

¿En qué se inspira?
Desde un principio surgieron unos personajes y éstos son como el tipo de letra de cada uno. Es como si se metieran esos personajes en la cabeza y me pidieran sacarlos de ahí. La gente me pregunta por qué hago negras, por qué mis figuras siempre son tromponas. Una vez me propuse hacer una virgen y fue muy difícil porque la virgen me salía negra y sensual, y no combinaba mucho.

No sé en qué me inspiro, eso va llegando y saliendo, lo que pasa es que el personaje va evolucionando a medida que la mano se desarrolle, pero sigue siendo la misma inspiración desde el principio.

¿Cuál es su gran sueño como artista?
Una gran parte se ha cumplido. He tenido la oportunidad de luchar por lo que creo y me lo he disfrutado; lo que hago me encanta. Pero sueño con dejar en varias partes obras que se queden para siempre, para dejar mi firmita ahí. Si nací en Cali uno de mis sueños es que en Cali quede una escultura gigante y digan: ve, eso lo hizo el de los mamarrachos.

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