“Cali debe responder a la explosión cultural que vivimos”

Publicado: 2 noviembre, 2011

Amparo Sinisterra de Carvajal creó hace 32 años Proartes y casi al mismo tiempo el Festival Internacional de Arte de Cali, que este año llega a su XV versión. Reflexiones de una mujer dedicada en cuerpo y alma a la cultura.

Este año el Festival Internacional de Arte de Cali llega a sus 30 años. ¿Cómo nació, por qué y cómo ha logrado mantenerse vigente?
El Festival Internacional de Arte nació como un proyecto de Proartes, que se ajustaba a nuestra filosofía de la promoción de las artes y es el resultado de procesos que hemos venido desarrollando en todo este tiempo. Cuando iniciamos pensamos que debería ser un evento multidisciplinario porque en ese entonces Cali no tenía una amplia oferta cultural y era importante que se viera qué pasaba en el mundo de las artes, que la región supiera qué estaba ocurriendo en las letras, el cine, la música…

Arrancamos con este propósito y hemos hecho camino al andar. Eso es lo grato de llegar a la versión 15.

El Festival

Entre el 3 y el 14 de noviembre se realizará el Festival Internacional de Arte de Cali 2011, que estará dedicado al arte y la tradición popular. En el marco del evento se realizarán actividades en las categorías de: cine, música, artes visuales, teatro, danza, letras e infantil.

Durante este evento, en la Cámara de Comercio de Cali estará la exposición fotográfica ‘Shopping Planet, de Carlos Duque. Consulte la programación en www.festivaldeartedecali.com

El trabajo basado en procesos es largo. Además, de un Festival que ha perdurado en el tiempo, ¿qué tanto se ha logrado?
En Proartes cree­mos en los procesos y no en el re­lumbrón que traen solamente los espectáculos, por eso hemos estado dedicados a la for­mación de público, en el cual la parte conceptual, académica, los talleres y las publicaciones, hacen parte del proceso de construcción del talento de nuestro pueblo. Ha sido un camino largo, pero los logros alcanzados nos demuestran que ciertamente es un paso adelante para abrir los ojos de los colombianos sobre la función del quehacer cultural; es mucho lo que se ha logrado en ese esfuerzo conjunto para procurar que la cultura tenga el sitio que merece dentro de la vida de la nación.

Siempre he sostenido que la cultura es el úni­co terreno neutral, porque allí todos cabemos: el blanco, el negro, el gor­do, el flaco. No hay ningún problema porque el lenguaje del arte es el lenguaje del espíritu y si ese lenguaje es espiritual promueve la convivencia y el deseo de reconocernos como seres humanos.

Precisamente, ¿cómo ve el tema cultural en la Cali actual?
Hace 32 años, Cali no era lo que es hoy, una ciudad donde hay alrededor de 20 festivales distintos durante todo el año: de música, salsa, ballet, folklor del Pacífico, etc. Hay una explosión un poco desordenada que vale la pena orga­nizar porque podríamos perder ese impulso.

Estábamos dormi­dos y de un momento a otro Cali se fue despertando, la gestión cultural se profesionalizó y ya la gente sabe que responsabilidad social no es chino avanzado sino, una obligación de la empresa privada en las sociedades donde desarrollan sus actividades, y del Estado, que es el garante de la cultura y es consciente del gran aporte que ésta puede ofrecer a la comunidad en el mejoramiento de su calidad de vida. Entonces, si queremos darle respuestas a esta explosión cultural, tenemos que ponernos en esa tarea.

¿Quizás los gobiernos municipales han sido inferiores a toda esa explosión?
Esta Administración Municipal ha hecho una labor muy buena, porque empezó diciendo: “Sí lo podemos hacer” y los caleños respondimos; por eso hay que terminar las megaobras y ojalá quien venga siga esta onda. Ya no hable­mos más del civismo de antes, que los Panamericanos, que volvamos a hacer fila… No lloremos sobre la leche derramada. Ese golpe que se dio en los Panamericanos es lo que necesita­mos ahora, otro empujón duro y que la gente, especialmente los jóvenes, tomen las riendas de la ciudad, conscientes de que esta es la casa de todos, y no del gobierno de turno.

¿Cuál es el reto que tenemos con esa industria cultural tan grande que tiene Cali para que coja vuelo y haga transformaciones?
Es muy importante que la ciudad ten­ga respuestas a esa explosión, con in­fraestructura, con producción, porque el talento está todo allí. El teatro al aire libre Los Cristales se quedó chiquito y hay que hacerle un tratamiento al tema del ruido, lo mismo con el Gimnasio de El Pueblo, hay que organizarlo; en la Manzana del Saber tenemos proyectado un tea­tro que nos convertiría en el complejo cultural más grande de Colombia. Ne­cesitamos muchos espacios.

¿En tantos años de trabajo por la cultura cuál es su mayor satisfacción?
Vivo agradecida con Dios por haberme permitido hacer los mandados necesarios, para poner a Proartes al servicio de la comunidad como canalizadora de todas esas inquietudes y riqueza cultural. Un proyecto que tengo en el corazón es el Coro y Orquesta de Niños de Desepaz, ser testigo de la transformación en las vidas no sólo de los niños y de sus familias, me hace soñar que serán esos ciudadanos de bien que tanta falta nos están haciendo.

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