“Es un privilegio ser gratificado con lo que la Fundación hace todos los días”

Publicado: 6 agosto, 2012

El retiro de Martín Wartenberg de la Dirección Médica de la Fundación Valle del Lili fue ampliamente comentada en Cali. Las páginas de diferentes medios de comunicación de la ciudad se dedicaron a mostrar su legado y a destacar su titánica labor. Hoy, la revista ACCION, con ocasión de su especial de salud, dedica unas páginas a un diálogo con él sobre la clínica, el sistema de salud y su vida.

Hace exactamente ocho años, cuando la Fundación Valle del Lili cumplía una década al servicio de la comunidad, Martín Wartenberg acudió a las palabras del novelista William Faulkner para relatar la historia de la institución: “La sabiduría suprema es tener sueños bastante grandes, para no perderlos de vista mientras se persiguen”.

Y así fue. El sueño se volvió grande y durante 30 años Martín Wartenberg nunca lo perdió de vista. Por eso hoy, quien durante todo este tiempo fuera el Director Médico de la Fundación, se siente satisfecho por lo logrado, contento por poderse dedicar de manera exclusiva a sus pacientes y tan tranquilo como para estar planeando su retiro al lado de la naturaleza, en la finca que construye con su familia.

La revista ACCION aprovechó un espacio en su consultorio y dialogó con este caleño, de padre alemán y madre pereirana, sobre la salud en Colombia y específicamente en Cali, de su salida de la Dirección Médica de la Fundación y de su vida.

Cumplió 30 años al frente de la Fundación y hoy se va pleno de satisfacciones por lo alcanzado. ¿Cree que le quedó algo pendiente?
No me quedó faltando nada. Me siento muy satisfecho porque fueron 30 años maravillosos en los que se pudo cosechar el trabajo que se hizo durante este tiempo. Me ha tocado ver los progresos de la clínica y la cantidad de personas que se benefician de sus servicios. En ese sentido, es un privilegio ser gratificado con lo que la clínica hace todos los días.

¿Alguna vez se imaginó que iba a ser el artífice de un proyecto como la Fundación Valle del Lili?
Nunca. Realmente las expectativas iniciales eran formar un grupo para tener una clínica que atendiera las enfermedades de alta complejidad, pero nunca nos imaginamos que llegaríamos
a una clínica como la de hoy. En aquel tiempo considerábamos que más allá de 200 camas sería inmanejable; hoy vamos en 450 y hay una presión para que se continúe ampliando.

¿Pero usted, personalmente, se imaginó en una labor más allá del quirófano, ejerciendo en la parte administrativa?
La idea era tener un sitio donde poder trabajar, donde realizar lo que había aprendido en mi formación. Nunca ambicioné un cargo administrativo. Me tocó, por la misma forma como se fueron dando las cosas, asumir la Dirección Médica de la Fundación, pero fue muy agradable porque lo pude combinar con el ejercicio de la cardiología y nunca fue traumático ni penoso.

Pero, luego de 30 años, sí considero que personas con otras ideas, conocimientos y energías, deben asumir este tipo de funciones. Además ya es momento de dedicarle más tiempo a otras cosas, como a la consulta y me siento muy bien. Hoy estoy viendo diez pacientes en el día y también tengo unas gratificaciones inmensas por ese ejercicio.
 
¿Le hacían falta sus pacientes?
Sin duda. Y los pacientes se sienten contentos de que esté otra vez atendiéndolos y con más tiempo para ellos.

¿Qué fue lo más difícil de dirigir la ‘operación’ de crear y fortalecer a la institución médica más importante del Suroccidente colombiano? 
Al comienzo, cuando las cosas no se daban. Teníamos la idea, pero el entorno no era favorable. Los donantes no aparecían, pero afortunadamente tuvimos la paciencia para no desesperarnos y seguir insistiendo en la idea.

Ha habido momentos muy difíciles. Hacia el año 1998 – 1999 la situación económica de la Fundación fue muy difícil y hubo varias noches en las que no podíamos dormir por las obligaciones que teníamos. Afortunadamente los médicos fueron muy solidarios con la institución y la apoyaron de una manera increíble; y después de eso ha sido el afán de todos los días.

Ahora nos preocupa que tenemos una altísima demanda en servicios, estamos cortos en camas, urgencias se mantiene congestionado y aquella imagen que nunca quisimos tener de congestión hoy la estamos viviendo producto del mismo éxito de la institución y de que muchas más personas de la comunidad tienen acceso a cualquier servicio de salud.

¿Qué es más complejo ejercer: como cardiólogo o como director médico de la Fundación?
Si bien la atención de los pacientes puede ser angustiosa, la labor administrativa si se hace con conciencia de las limitaciones, sin ambicionar demasiado, tratando siempre de acertar y utilizando el concurso de otros para tomar buenas decisiones, tampoco se hace tan difícil.

¿Cuál cree que debe ser el norte de la Fundación para seguirse fortaleciendo y creciendo?
Hay varios temas. Uno es consolidar el grupo de especialistas que la clínica requiere. Hoy somos 250 médicos, pero todavía necesitamos más especialistas en algunos campos. Estamos en el proceso de formar estos médicos en el exterior para que vengan preparados para la atención de muchas especialidades. Lo segundo es seguir consolidando el programa de la Escuela de Medicina que tenemos con Icesi. Necesitamos organizarnos mejor para poderle dar a los estudiantes toda nuestra atención cuando están en la clínica. Lo tercero es ver cómo la Fundación puede desarrollar otra capacidad instalada para ofrecer servicios, bien sea dentro del actual espacio o en sitios satélites.

Es muy importante para la región Suroccidental que exista un hospital dedicado a la rehabilitación de personas con problemas neurológicos, secuelas de trauma y toda la parte musculoesquelética. Es igualmente importante desarrollar facilidades para la atención de problemas siquiátricos y la de pacientes con largas estancias.
 
¿Cómo ve usted hoy el sector de la salud en Cali y la región?
Muy dinámico. Hay mucha gente invirtiendo en la salud, pero lo veo más como una ambición de lucro que como una ambición de servicio. Tengo la convicción de que la salud no puede ser un negocio. De hecho, como negocio en sí me parece malo porque la rentabilidad es poca. Las instituciones de salud deberían ser manejadas por el Estado o por corporaciones sin ánimo de lucro.

La mejor lección que puede dejar a las nuevas generaciones de médicos que están en camino
Lo principal es tratar siempre de hacer las cosas muy bien. Dejar a un lado la mediocridad en la atención, siempre entregarle lo mejor al paciente, que el paciente siempre cuente con uno. Tratar de que éste reciba la mejor atención posible y no condicionarles la atención a su capacidad económica.
Yo he sido un defensor de la idea de que los enfermos no deben por qué cargar con el costo de los tratamientos cuando además están cargando con el costo de la enfermedad. Eso es éticamente inaceptable y moralmente equivocado.

Pero buena parte de lo que usted describe tiene sus orígenes en el sistema. ¿Entonces, se deberían hacer reformas en ese sentido?
El sistema como es, está bien. La Ley 100 ha sido muy progresista en el sentido de que casi el 100% de los colombianos tienen acceso a la salud y ahora, a partir del 1 de julio con más razón por cuanto no hay diferencia entre los pacientes del régimen subsidiado frente a los del régimen contributivo; todos tienen los mismos derechos. Lo que ocurre es que los recursos que tenemos hoy, para la atención de 44 millones de colombianos no son suficientes y en eso deben darse pasos para que se desarrollen nuevas instituciones, que atiendan mejor a la población que tiene derechos por la Ley 100.

¿Cómo nació esa vocación por la Medicina?
En mis últimos años de bachillerato; quizás por la inspiración de un profesor que nos daba lecciones de química, biología y ciencias y por algunas personas cercanas a la familia que eran médicos. Realmente disfruté muchísimo el estudio de la carrera en Univalle. Fueron años maravillosos, pues me tocó la época dorada de la Universidad lo que, de alguna manera, me generó un gran deseo por aprender y de pensar en grande. Allí contábamos con profesores americanos, de las fundaciones Ford y Rockefeller, de la Universidad de Tulane; eso nos enriqueció y nos permitió ver cómo deberían ser realmente los hospitales y, en mi caso, al regreso de mi especialidad, buscar mejores escenarios para desarrollar la Medicina.

Me tocó la época buena del Hospital Universitario, pero cuando regresé me encontré con una situación muy distinta en la que no podía practicar lo que había aprendido.

Algún recuerdo especial de esa época en particular…
Con frecuencia me tocaba viajar con mis pacientes y acompañarlos a Bogotá, medellín o incluso al extranjero, porque aquí no se prestaban algunos servicios. Mi esposa y mis hijos fueron víctimas de muchos de esos viajes. En una ocasión, un 31 de diciembre, tuve que viajar con una paciente a Houston. Muchas de esas personas que tuve que acompañar fueron al poco tiempo los grandes donantes de la clínica.

¿Y usted como médico aplica lo que predica?
Sí, me cuido. Hago ejercicio, me cuido con la alimentación y me hago mis chequeos médicos … aquí en la Fundación.

Ninguno de sus hijos siguió sus pasos en la Medicina…
Seguramente el ejemplo no fue muy bueno. La intensidad de trabajo de alguna manera les pareció que no era una muy buena forma de vida. Me hubiera gustado que alguno hubiera sido médico, creo que la Medicina es una profesión maravillosa que le da a uno todo tipo de posibilidades para desarrollar su talento y personalidad, pero de pronto no les insistí lo suficiente.

¿Un sitio, un lugar, una actividad que le guste de Cali y recomendaría?
Cali me fascina, me parece la mejor ciudad para vivir: Me encanta su clima, su naturaleza, la gente. He sido muy afortunado, si bien mis padres no son de aquí, siempre fueron bien recibidos. La ciudad me encanta hacia las cuatro de la tarde, que a esa hora la gente pueda caminar por los alrededores del río Cali y sentir la brisa, ver la vegetación. Eso es espectacular.

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