Un visionario que a sus 85 años sigue creando e innovando

Publicado: 5 septiembre, 2012

Una venta de pollos en Ciudad de Panamá habría de ser la chispa que le dio vida a lo que es hoy en día el Grupo Carval, la compañía caleña que ha logrado consolidarse como una de las más influyentes en el sector farmacéutico humano y veterinario, gracias a la fabricación de infinidad de productos para Colombia y Latinoamérica.

Su historia comienza en 1959 cuando su Presidente, Don Carlos Vallecilla, adquirió una granja que se llamó entonces Avícola CV, una empresa familiar que se dedicó exclusivamente al sector de la avicultura. Luego comenzó a representar empresas extranjeras y en 1980 inició el camino hacia su fortalecimiento empresarial, al comenzar a vender materias primas para la industria farmacéutica, dando vida así al laboratorio farmacéutico humano (La Santé), al veterinario (Carval), y al resto de compañías que forman parte del Grupo (Procoval, Sembro, Bioart, La Santé Vital, Betalactamicos).

CARVAL tiene su sede principal en Cali, donde está la Planta de Producción y de Control de Calidad y cuenta con sucursales en Bogotá, Bucaramanga, Medellín y Barranquilla. Además, ya ha traspasado las fronteras al tener oficinas propias en Argentina, Ecuador, República Dominicana y Venezuela.

Don Carlos Vallecilla es un hombre visionario, que nunca ha dejado de serlo y que hoy, a sus 85 años de edad, con 6 hijos, 13 nietos y un bisnieto, no da la más mínima muestra de cansancio físico ni mental. Por el contrario, sigue siendo el eje de la empresa que creó hace más de 50 años, que genera actualmente más de 2 mil empleos directos y que hoy, es la número 1 en Colombia en laboratorios farmacéuticos veterinarios. ACCION habló con este hombre de sonrisa permanente, a quienes sus más cercanos colaboradores definen como un trabajador incansable.

¿Usted comenzó a trabajar desde muy joven. Por qué?
En 1943, cuando tenía 15 años, entré a un Banco a trabajar, porque mi familia no tenía recursos para pagarme el colegio. Un tío mío, gerente de un Banco en Palmira, me consiguió un puesto de ‘patinador’ en una sucursal de Cali. Por la noche, asistía a una escuela donde me gradué de contador. En el Banco estuve 10 años y logré ser gerente en varias oficinas del país.

¿Cómo termina entonces metido en el mundo de la avicultura?
Un día, en 1952, me fui de vacaciones a Panamá y estando en una esquina, vi un negocio donde se vendían pollos asados a un dólar. En Colombia no había ese tipo de venta y entonces llegué a abrir ese negocio en mi ciudad. Se llamó la Fonda del Pollo y se constituyó en el primer asadero de Cali. Me iba tan bien, que llegué a vender 30 pollos diarios. En Colombia no había granjas avícolas y los pollos que se comían eran los que venían colgados en las chivas. Todos los días me quedaba corto, porque no había pollos para comprar.

¿El éxito de la Fonda del Pollo significó el nacimiento del Grupo Carval?
Sí. A pesar de que ganaba buena plata en el Banco, me hacía el doble con el negocio. Cuando le dije a mi papá que me iba a salir del banco, casi me pega. Ahí comenzó la historia: me salí del banco y puse la granja para suplir de pollos al asadero. Luego compré una Finca en La Buitrera de Palmira y ahí puse la primera planta de incubación. Me dieron la representación de una firma norteamericana de ponedora de huevos y comencé a crecer, pues compré varias máquinas incubadoras y vendía más o menos 200 mil pollitas mensuales.
Un acontecimiento triste pero que paradójicamente ayudó a forjar su espíritu emprendedor fue la quiebra que tuvo en 1968. ¿Cómo es esa historia?
En 1968, yo tenía ya 3 granjas, algunas en Juanchito. Tenía 22 mil pollas levantando que tenían ya 16 semanas; ya estaban listas para iniciar postura y hubo una famosa inundación el 22 de diciembre, de 1968. Todas se murieron. En ese momento, quedé sin un peso y con deudas por 11 millones de pesos, algo así como 20 mil millones a precios de hoy. Me senté en una piedra a llorar.

¿Cómo logró recuperarse?
Quise entrar en concordato y finalmente los bancos me ayudaron, creyeron en mí. Comencé a pagarles 300 mil pesos mensuales, que era mucha plata. Y entonces también me acompañó la buena suerte de un señor que vendía vacunas en Estados Unidos y comencé a importar vacunas para venderles a todos los avicultores de Colombia. Hablo del año 72. Allí comencé a reponerme. Me puse a traer equipos de avicultura, implementos para la fabricación de concentrado y empecé a venderles a las granjas.

¿Háblenos de la etapa de crecimiento de la empresa y de cómo la tecnificación fue una clave para lograrlo?
Mis hijos fueron creciendo y comencé a pensar en proyectos más organizados. Conseguí un veterinario porque en el negocio de la avicultura, se necesitaban técnicos especializados en cada ramo. Entró Julio, mi yerno a trabajar conmigo y me ayudó mucho en la venta de equipos y a manejar la granja. Fuimos desarrollando toda la línea avícola, hasta llegar a ser los líderes en el mercado de las vacunas. Hoy tenemos un 65 % del mercado colombiano, en vacunas. La compañía líder en avicultura es Carval, que también está hoy en día en los sectores ganadero, porcícola y de mascotas.

¿Cómo nace La Santé, líder también en el mercado?
Además de las vacunas y la venta de equipos, comenzamos a vender materias primas. Con otro yerno, hicimos una organización para traer materias primas y venderlas a los laboratorios pequeños que no tenían capacidad de importar. También les vendíamos otros productos como antibióticos y desinfectantes. Entonces a una multinacional, le faltó una materia prima y nosotros la importamos y se la vendimos. Yo me gané como el 25 % de la importación, pero me fui para una farmacia, y me di cuenta de que ese laboratorio ganaba 20 veces más. Ahí supe que el negocio no estaba en importar, sino en poner un laboratorio. Yo no sabía nada, pero siempre he creído que la gente es la que hace los negocios. Entonces comenzamos La Santé con 4 personas. Eso fue una lucha de mucho trabajo y perdiendo plata. Pero creía en el negocio. Sabíamos que lo importante era llegar al punto de equilibrio y lo logramos al cabo de los 3 años.

Cuáles son los planes futuros?
Estamos exportando a doce países y en este momento estamos abriendo la última sucursal, Carval México, que ya queda en pocos días constituida. Tenemos además un proyecto de biotecnología porque el futuro de la alimentación humana es cada vez más sana, menos productos químicos y más orgánicos.

¿Ve usted el TLC con los E.E.U.U. como una amenaza o una oportunidad?
Yo no le tengo temor al TLC. Nosotros tenemos con qué competir. Somos capaces. Hay que hacer muchas cosas para prepararse. Nosotros venimos desde hace por lo menos 6 u 8 años trabajando en función de estar preparados. Una de esas cosas es por ejemplo no estar en un solo mercado. El TLC solamente puede afectar a Colombia. Entonces en la medida en que la empresa permanezca sólida económicamente en más países, el impacto de uno u otro país va a ser cada vez menor. Como el dicho de los viejos: es mejor tener los huevos en diferentes canastos. Y esa es una de las motivaciones a exportar. Ahí hay una oportunidad.

¿Cómo ha hecho para mantener unida a su familia?
Ninguno de mis hijos se ha separado. Vivimos muy contentos y pendientes de eso para que se mantenga unida la familia. Mis hijos y mis yernos me atienden las sugerencias. Ellos saben que a la hora de un distanciamiento, sería lo peor para mí: al otro día me encuentran muerto…Los tengo asustados (risas).

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