Buscar el ahogado río arriba

Buscar el ahogado río arriba

8 ene 2017

A poco menos de 15 días de su posesión como presidente de los Estados Unidos, Donald Trump da cada vez mayores muestras de que su administración tendrá el mismo talante populista, paranoide y autoritario de su campaña. Al mejor estilo de un dictadorzuelo venezolano, en la última semana amenazó (vía Twitter) a tres fabricantes de automóviles, dos norteamericanos y uno japonés, con imponerles aranceles si persistían con sus planes de ampliar su capacidad de producción de vehículos en México.

Una de las tres compañías, Ford, ya anunció que desistirá de la construcción de una planta de US$1.600 millones en San Luis Potosí.Más allá de la manifiesta demagogia de las formas y del patente desdén por el orden constitucional (en EE.UU. la política comercial la fija el Congreso; Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes, dijo esta semana que ese órgano no aumentaría los aranceles), preocupa que el próximo líder de un país que fue el arquitecto y es, en buena medida, el garante, de un sistema de comercio internacional abierto que ha sustentado, en los últimos 70 años, una expansión sin precedentes en la prosperidad humana, esté convencido que ese sistema está amañado en su contra.

Como lo ha señalado la revista The Economist, la pérdida de puestos de trabajo en el sector manufacturero en las últimas décadas es una circunstancia común a todos los países desarrollados. Entre 1990 y 2014, el empleo en la industria cayó un 31% en EE.UU., pero también un 25% en Alemania, un 33% en Francia, un 34% en Japón y un 49% en el Reino Unido. Culpar al TLC con México de lo sucedido con el empleo industrial en los EE.UU., como pretende Trump, es ridículo. Según cifras de Ricardo Hausmann, entre 2000 y 2010, período en el que ocurrió la mayor pérdida de empleos industriales en la historia de los Estados Unidos (6,2 millones), en México sólo se crearon 200.000 nuevos empleos manufactureros. Un ‘coco’ más plausible sería la China, país sobre el que Trump también ha emitido amenazas, aunque mucho más generales (seguramente calcula que la pelea con la segunda potencia económica y militar del mundo y un gran tenedor de bonos del Tesoro norteamericano es a otro precio).

En ese país, según cálculos del Instituto Peterson, el número de ocupados en la industria aumentó en un 90% (50 millones) entre 2003 y 2014. Aunque vale la pena anotar que en el mismo lapso, el PIB chino creció cerca de 250% en términos reales y su consumo interno de bienes industriales todavía más. Incluso, se podría argumentar que el encadenamiento con una plataforma geográficamente próxima y de bajo costo como México ha impedido mayores pérdidas de empleo industrial en EE.UU. (cada dólar de exportaciones mexicanas a EE.UU. contiene 40 centavos de componentes de origen americano.) Para la mayoría de expertos, sin embargo, la clave de la pérdida de empleo manufacturero en EE.UU. y el mundo ‘industrializado’ tiene mucho más que ver con la tecnología.

Hausmann, por ejemplo, señala que entre 2000 y 2010, al tiempo que se perdían 6,2 millones de empleos industriales en EE.UU., la productividad por trabajador aumentó un 44%; lo que significa que se puede hacer lo mismo con 30% menos personal (en México, paradójicamente, la productividad bajó en ese período).Mientras Trump persista en buscar el ahogado río arriba, las implicaciones para un país como Colombia, que ve en la exportación de manufacturas una alternativa para reemplazar la pérdida de ingresos petroleros y a EE.UU. como un mercado fundamental, máxime con Venezuela en franca depresión, son gravísimas.

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