Innovar es mejor que curar

Innovar es mejor que curar

11 jun 2017

Por: Iván Osorio Gregory Osorio Bernardo Barona Z. iosoriod@gmail.com

El proceso de innovación a escala global no es sistemático. Los factores que determinan la probabilidad de que innovaciones médicas resulten en productos valiosos no son rigurosamente estudiados. Entre las consideraciones que reciben poca atención se incluyen el grado de dificultad de convertir la idea en producto, su utilidad médica y costo, y las barreras regulatorias y socio-culturales que podrían interferir con la comercialización del producto.

Un reto aún mayor al de los factores tecnológicos o socio-económicos es la insularidad conceptual inherente a las profesiones sin cuyas contribuciones no es posible innovar. Esta impermeabilidad a conceptos “foráneos” le dificulta a cualquier profesional trascender su horizonte intelectual e integrarlo con el de otras disciplinas para así generar tecnología útil.

¿Por qué la innovación médica es de importancia vital? Porque la demanda por servicios de salud excede los recursos disponibles. Mientras que los gobiernos concentran sus esfuerzos en la probable crisis climática, subestiman las consecuencias nefastas de una crisis más inmediata: la inhabilidad para proveer servicios de salud a segmentos de la población sin o con limitados recursos económicos.

Nuestra premisa fundamental es que la innovación es la herramienta más efectiva para evitar la crisis de la salud, pero solo si su proceso es racional, sistemático y adaptable. Esto requiere planeación y la priorización de proyectos de innovación basada en consideraciones de salud pública. Los factores que deben guiar este proceso incluyen la prevalencia de enfermedades, el costo por paciente, el nivel tecnológico, la capacidad de manufactura de la región y la disponibilidad de recursos económicos.

La adopción de actitudes proactivas también es crítica para el éxito de la innovación; y la falta de recursos debe motivar esfuerzos para el desarrollo de la infraestructura necesaria para innovar. Pero es imposible la innovación sin la participación activa de la industria. Este sector es clave para la cristalización de ideas en productos médicos, por lo que se requiere que añada a sus actividades de replicación de productos la fabricación de nuevas líneas.

Nuestro entusiasmo por la innovación no nos hace ignorar los retos inherentes a esta actividad. En Estados Unidos, por ejemplo, solo entre 1% y 5% de patentes resultan en productos comercializables. Adicionalmente, el proceso de educación necesario para trabajar productivamente en equipos multidisciplinarios es complicado. Pero la inacción sólo prolongará la dependencia tecnológica externa que agobia a nuestros países.

El lanzamiento de REDDI, una nueva iniciativa de la Cámara de Comercio de Cali para fomentar la innovación tecnológica en el Valle del Cauca, motivó esta reflexión. Esta institución es un valioso paso y para inyectarle más sinergia proponemos la formación de una comisión multidisciplinaria (ingeniería, medicina, ciencias exactas, economía, industria, gobierno) para la implementación de medidas que promuevan la innovación médica; una de estas medidas sería el desarrollo de un currículo para formar profesionales trans-disciplinarios.

Si aceptara el reto de fabricar un aparato para la anticipación y control automático del dolor, el Valle tendría la oportunidad de penetrar un mercado que solo en Estados Unidos generó ingresos por US $300 billones en 2015. Esta es una de las múltiples oportunidades que la innovación le proporcionaría a la región, lo que la hace merecedora del apoyo general.

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