Dos se van, tres llegan

Dos se van, tres llegan

8 feb 2016

La mala noticia económica el año pasado en Cali corrió por cuenta del cierre de la planta local de Mondelēz que desde 1952 producía los famosos Chiclets Adams y otras golosinas. Con la clausura de la fábrica se perdieron 480 empleos, aunque la compañía conserva 200 funcionarios del área comercial en la ciudad. La semana pasada, con mucha menos estridencia mediática, se conoció que Confiteca, empresa ecuatoriana y segundo jugador del mercado de chicles en el país, ampliará la capacidad de producción de su planta en Yumbo en un 50% y enganchará 120 nuevos trabajadores, completando 350 en la fábrica.

La partida de una empresa grande es un hecho lamentable, por todo el conocimiento y prosperidad que irriga al tejido económico local. Pero la expansión de otra, del mismo ramo, es una señal clara de la vitalidad de ese tejido y de la falacia del tan mentado mito del “éxodo masivo” de industrias extranjeras de Cali. Las empresas producen donde les resulta más rentable (que no es lo mismo que más barato) y las consideraciones que pueden jugar en contra de hacerlo localmente para unas (ej. para Mondelēz, la mayor escala de su planta en México y las trabas de acceso al mercado del Ecuador), pueden jugar en sentido contrario para otras (ej. para Confiteca, la escala mayor del mercado nacional frente al ecuatoriano, y la pérdida de competitividad reciente de ese país por estar dolarizado).

Invest Pacific estima que entre los años treintas y el inicio de la apertura económica en los noventas llegaron a Cali y sus alrededores unas 44 empresas industriales norteamericanas y europeas en sectores como el de los alimentos procesados, los farmacéuticos y los productos de aseo del hogar y personal. El ‘know how’ que inyectaron estas empresas al tejido económico local (pero también al cultural y al educativo, entre otros) fueron determinantes para que Cali fuera, durante la mayor parte de ese período, la ciudad de mayor crecimiento en Colombia y para que, en muchos de esos sectores, el Valle sea todavía líder indiscutido en el país.

En las dos décadas y media que han seguido a la apertura, con el fin de la obligatoriedad de producir localmente y la posibilidad de despachar desde otros países, unas 18 de ellas cerraron. Sin embargo, se calcula que en este lapso han llegado unas 75 nuevas empresas de capital extranjero a la región; ya no exclusivamente norteamericanas y europeas (hay asiáticas, mexicanas, chilenas, etc.), ni mayoritariamente industriales (muchas son de servicios y comercio).

Vale anotar que las plantas de empresas extranjeras que se han cerrado (en los últimos 10 años se cuentan con los dedos de una mano), no se “van de Cali”, se van de Colombia. Trasladan su producción a otros países, no a Barranquilla, Medellín o Bogotá. Muchas lo han hecho por el aumento del “costo Colombia” (ej. crecientes impuestos a las empresas, altos costos de la energía y la logística, regímenes sindicales antiguos y onerosos, etc.), no por factores atribuibles o exclusivos a Cali. Cuando se va una industria de nuestra ciudad, aunque lo sentimos más aquí, es una perdida de todo el país.

A esto habría que agregar una obviedad. Si se han ido compañías extranjeras de Cali es precisamente porque han tenido una gran presencia aquí. Para poder irse de algún sitio, primero hay que haber estado allí. Pensar en retener a todas las empresas asentadas en un territorio es una quimera. Lo inteligente es trabajar, como se viene haciendo, para que las que se queden crezcan y para que lleguen muchas más.

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