Exportar para aprender y prosperar

Exportar para aprender y prosperar

5 sep 2016

Como bien lo señala Ricardo Hausmann en su columna reciente en Project Syndicate, ‘Exportar importa’, los productos exportables son diferentes al resto de las cosas que producen una región o un país. Al ser servicios y bienes que otras regiones o países requieren, los podemos intercambiar por lo que aquellos producen y no tener que contentarnos con consumir solo lo producido localmente que siempre será muy inferior a la oferta global. Las exportaciones amplían la frontera de conocimiento productivo de un territorio permitiéndole importar el que no tiene vía bienes y servicios extranjeros.

El que Colombia lograra multiplicar casi por 9 sus exportaciones petroleras y mineras en 2003-2013 permitió a millones de colombianos acceder por primera vez a un teléfono celular, a un carro, a una moto, a un viaje al exterior, entre muchas otras cosas. Igualmente posibilitó que miles de empresas manufactureras y de servicios accedieran a bienes de capital y tecnológicos para modernizar sus procesos y mejorar su productividad. Es de necios negar los enormes beneficios que trajo el auge minero-energético para la inmensa mayoría de los colombianos.

Con la caída del petróleo desde septiembre de 2014, el país ha perdido en torno a US$20.000 millones de dólares anuales en exportaciones. Un gran reto es cómo recuperar esa divisa de intercambio con el extranjero que nos permita conservar las mejoras alcanzadas en nivel de vida y poder aspirar a elevarlo aún más. Parte de la respuesta, sin duda, es estimular la producción petrolera y minera responsable, impidiendo que imperen posiciones ideológicas radicales que solo traen miseria.

Pero la solución de fondo es diversificando y profundizando el alcance del aparto exportador colombiano de bienes diferentes a los extractivos. Estos tienen, como también menciona Hausmann, una ventaja adicional y es que al no ser (en su gran mayoría) ‘commodities’, o bienes que no varían significativamente en calidades y atributos, “deben ser muy buenos para llegar a convencer a clientes foráneos”. Esto obliga a las empresas exportadoras a mejorar calidad y productividad y a innovar (otra manera en que las exportaciones amplían la frontera de conocimiento productivo). Según él, “Mientras mayor sea la productividad y la calidad de las actividades de exportación, mayores serán las remuneraciones que ellas podrán costear… Si la tasa de empleo en el sector de exportaciones es significativa, los sueldos que ese sector puede pagar repercutirán en la remuneración de todos los habitantes”.

Hace pocos días Confecámaras publicó el informe ‘Perfil y Sofisticación de las Empresas Exportadoras Colombianas’. Este incluye algunas cifras preocupantes, como que solo el 5% de las empresas registradas en Colombia en sectores exportables lo hacen (son el 0,4% del total general); que a pesar de exportar 3.354 productos, solo 10 de ellos representan el 69% del valor de las ventas externas; y que aunque hay casi 9.200 firmas exportadoras, solo 10 hacen el 51% del total de despachos y, solo 47, las dos terceras partes.

Sin embargo, también incluye muchos elementos esperanzadores. De una parte es destacable que en los últimos 4 años el número de empresas exportadoras haya crecido un 9% y el número de mercados a los que exportamos de 177 a 185. También es notable que el Valle y el Norte del Cauca sean la segunda región del país que más exporta bienes de alta tecnología (24% del total). De las 15 empresas que más despachan productos de este tipo, 7 (el 47%) son de nuestra región; y de las 50, 12 (24%). Nuestras empresas están llamadas a jugar un rol de liderazgo en el desafío exportador.

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