Guerrero del empleo

Guerrero del empleo

12 ene 2016

Una manera bastante objetiva de medir el desempeño de un gobernante es evaluar el comportamiento del empleo durante su mandato. Pocos indicadores son más dicientes del bienestar socioeconómico de un territorio. Además, siempre y cuando la metodología de medición se mantenga constante, se pueden hacer comparaciones intertemporales y entre diferentes jurisdicciones. La evolución de la economía y el empleo, por supuesto, no la controlan los alcaldes y, ni siquiera, los presidentes -aunque Maduro, en su infinita sabiduría, decretó la prohibición de los despidos en Venezuela hasta 2019-; pero los gobiernos sí dan señales importantes que inciden sobre la confianza de las empresas y los consumidores y su disposición a invertir y gastar, lo cual impacta el mercado laboral.

Desde esta perspectiva, la alcaldía de Rodrigo Guerrero fue muy exitosa. Entre noviembre 2011 y noviembre 2015 (últimos datos disponibles del Dane), el número de ocupados en Cali aumentó en un 14% (+152.000 personas) -muy por encima del crecimiento de la población en edad de trabajar que fue del 6%-; y el número de desocupados cayó un 18% (-33.000). En el mismo lapso, la tasa de desempleo se redujo en 3,6 puntos porcentuales, de 14,6% a 11%. Igualmente, el número de empleados formales se incrementó bastante más que el de los informales (+30% vs. +2%), con lo cual la informalidad laboral cayó del 53% al 47% de la población ocupada. Todo esto se reflejó en una reducción del 24% en el porcentaje de pobreza entre 2011 (25% de la población) y 2014 (19%) (aún no hay datos de 2015).

Estas cifras son muy buenas; pero para demostrar que los resultados no son fruto solo del ciclo económico, es fundamental compararlos con las de ciudades ‘pares’. Una muestra clara del superior desempeño de Cali durante el cuatrienio de Guerrero es que, a pesar de seguir con una tasa de desempleo alta, la redujo casi el doble de rápido (-25%) que las 13 principales ciudades del país (-13%). Si se tiene en cuenta solo a las 5 grandes capitales del país, Cali fue segunda en generación de nuevos empleos después de Barranquilla, segunda en reducción del desempleo después de Bucaramanga y primera en reducción de la informalidad.

Asimismo, el contraste con la administración Ospina es notable. Entre noviembre de 2007 y noviembre de 2011, la tasa de desempleo en Cali aumentó un 44%, de 10,2% a 14,6%. El número de ocupados en ese período solo se incrementó un 1% (+10.000), mientras que el de los desocupados creció un 53% (+53.000). Estas cifras se ven particularmente deslucidas comparadas con la considerable creación de empleo en ese cuatrienio en Bogotá (+22%), Barranquilla (+19%), Bucaramanga (+17%) y Medellín (+15%). La informalidad en Cali igualmente aumentó, pasando del 51% del total de ocupados en 2007 al 53% en 2011. Durante la administración Guerrero, además, se crearon casi el doble de empleos que durante las de Apolinar y John Maro.

A pesar del enfriamiento de la economía colombiana, hay razones para ser optimistas sobre el empleo en Cali. De una parte, el alza del dólar estimulará la industria, el agro, el turismo y las remesas. De otra, la situación fiscal de la ciudad es buena y permitirá aumentar la inversión pública. Finalmente, el nuevo Alcalde tiene una extraordinaria trayectoria como creador de empleo, está obsesionado con la generación de ingresos para la gente y despierta confianza en los empresarios. Buen viento y buena mar al alcalde Armitage.

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