Los costos de la diversidad

Los costos de la diversidad

29 nov 2016

Las últimas semanas han sido pletóricas en la publicación de rankings departamentales y municipales de competitividad, innovación, exclusión, progreso social, etc. Los resultados de Cali y el Valle en los mismos son, en los mejores casos, mediocres. No voy a entrar a analizarlos uno por uno, aunque tengo muchas observaciones, pero si voy a aprovechar para hablar de un tema que es transversal a varios y que constituye quizás la mayor debilidad de Cali, pero también su mayor oportunidad: la diversidad.

Aunque no exista una metodología de cálculo única ni datos ciertos, Cali es, posiblemente, la ciudad más étnica y culturalmente diversa del país. No hay duda que Bogotá, por su escala, es la que tiene pobladores provenientes de más regiones e incluso países diferentes. Pero Cali fue la ciudad que más creció en población en Colombia en los últimos 100 años (en 1914 era una tercera parte de Medellín y la mitad de Barranquilla) y la mayoría de ese crecimiento provino de grandes migraciones provenientes de Antioquia y el Eje Cafetero; de Huila, Cauca y Nariño, y de la Costa Pacífica, entre otros. Al mismo tiempo, tiene, según datos del último censo, la mayor población afrodescendiente del país y la segunda en proporción al total de habitantes después de Cartagena.

Muchas de las ciudades más exitosas del mundo son ‘megadiversas’ y multiculturales. En Londres, Nueva York, Sydney y Toronto el porcentaje de población nacida en otros países fluctúa entre el 30 y el 50 por ciento. Pero la evidencia también señala que, incluso en ciudades ricas como Chicago, la segregación espacial de la población según su raza contribuye a tasas de homicidio más altas. Para una ciudad relativamente pobre como Cali, con poblaciones migrantes aún no consolidadas, ‘administrar’ la diversidad resulta difícil. Un análisis de Harold Londoño, jefe de estudios económicos de la Cámara de Comercio, demuestra cómo en las últimas elecciones al Senado Cali fue, entre 1050 municipios, aquel en que la que la votación se dividió más equitativamente entre más partidos (el Valle fue, a su vez, el más políticamente ‘diversificado’ entre los 32 departamentos). La razón por la cual a los vallecaucanos nos parece que otras regiones lucen más ‘unidas’ es esencialmente porque les queda más fácil; son menos heterogéneas.

El estudio ‘La exclusión social en los tiempos del auge: el caso de Cartagena’, de investigadores del Banco de la República, clasifica a Cali como la segunda más excluyente, entre las 13 principales ciudades de Colombia, después de la mencionada en el título. El análisis, sin embargo, contiene un problema conceptual y es que castiga ‘por derecha’ la diversidad. Supone que tener un alto porcentaje de población perteneciente a minorías étnicas es, de por sí, factor de exclusión. Como lo señala Rudolf Hommes en una columna al respecto, cuando se hace un promedio simple de la clasificación de las ciudades según los 12 indicadores sociales y económicos utilizados, Cartagena permanece en el último lugar, pero Cali sale en la mitad de la tabla.

Para una ciudad ‘joven’ y relativamente pobre, la diversidad supone costos en materia de seguridad, empleo y gobernabilidad, entre otras dimensiones. No obstante, en una economía cada día más integrada, también ofrece grandes oportunidades en frentes como el turismo y las industrias culturales y creativas. La gran fortaleza de Cali ha sido ser una ciudad abierta a la llegada de personas y empresas. Plataformas como el Valle del Pacífico Centro de Eventos, Invest Pacific y el nuevo Cali-Valle Convention & Visitors Bureau profundizan y sofistican esta apuesta.

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