Paradojas del plebiscito

Paradojas del plebiscito

16 oct 2016

Los resultados del plebiscito de hace dos semanas sitúan al país en una especie de limbo sin ruta de salida clara. El triunfo del No tomó por sorpresa por igual al gobierno, a las Farc y a sus propios proponentes. La estrechez del margen (0,4% de los votos válidos) y la altísima abstención (62,6% del censo electoral) ofuscan aún más el panorama, pues, sin desconocer que una opción salió vencedora, escasamente ilumina la ‘voluntad popular’. Analizar los patrones de votación de los colombianos el 2 de octubre pasado quizás arroje luces sobre el camino a seguir.

Varios analistas (los más agudos están en Twitter, entre ellos @LeopoldoTweets, @RobertoAnguloS y @JuanMRamirezC) han señalado cómo el centro (más rico) del país tendió a votar por el No, mientras que la periferia (más pobre y más afectada por el accionar de las Farc) se inclinó mayoritariamente por el Sí. A grandes rasgos así fue. De los departamentos que se pudieran considerar del ‘centro’, solo Valle, Boyacá y Bogotá (distrito capital) favorecieron al Sí. En cambio, solo en 2 de los 13 departamentos fronterizos (Norte de Santander y Arauca), y solo en uno de los 12 departamentos con costa marítima (Antioquia -aunque en Urabá ganó el Sí-), salió avante el No. En 11 de los 12 departamentos más pobres (aquellos cuyo ingreso por habitante es inferior al 50% del promedio nacional) se impuso el Sí (la única excepción fue Caquetá); mientras que en 7 de los 10 en que la tasa de pobreza es inferior al 33% triunfó el No.

Sin embargo, esta dicotomía centro/periferia, ricos/pobres no está exenta de paradojas. De una parte, en la cuna histórica de las Farc, el ‘diamante’ Tolima-Meta-Caquetá-Huila, el No ganó contundentemente. Por otro lado, en el centro del ‘centro’ -Bogotá-ganó ampliamente el Sí (56%). Aún más, como lo ha documentado @juglardelzipa, fue en las localidades más ricas del norte de Bogotá donde le fue mejor al Sí (ej. Teusaquillo (68%), Chapinero (64%), Usaquén (60%)), y en las más pobres del sur donde peor le fue (ej. Ciudad Bolívar (46%), Usme (46%), Bosa (48%)). Algo similar sucedió en Cali, donde el Sí sacó el 54%. Según lo demuestra @afgalindo, en las comunas más ricas: la 22 (53%), la 2 (55%), la 17 (64%) y la 19 (60%), venció el Sí; pero perdió en las más pobres: la 13 (48%), la 14 (44%), la 20 (49%) y la 21 (45%).

Con estos datos un tanto limitados, y sin conocer cómo se comportó la votación por comunas en ciudades como Medellín, donde se impuso el No con un 63%, se podría aventurar la hipótesis de que existe un cisma entre los temores, preferencias y esperanzas de los ‘pobres’ urbanos y los ‘pobres’ rurales. Los primeros no parecerían ‘conectarse’ con la narrativa en torno a los beneficios del acuerdo de paz, que se antojan remotos frente a sus diarias preocupaciones, como la violencia urbana (que genera la inmensa mayoría de los homicidios del país). De otro lado, sí podrían percibir posibles costos asociados al mismo, como eventuales aumentos de impuestos y la desviación de inversión pública a las zonas rurales. Así como juzgar inequitativas, desde su perspectiva de ciudadanos necesitados, las prebendas que recibirían los combatientes desmovilizados.

Si bien hay incentivos políticos para mantener esta división, en beneficio de los intereses superiores de la Nación, gobierno, oposición y Farc harían bien en atender, ya no con slogans electoreros, sino con argumentos razonados, las inquietudes de este grupo, los ‘pobres’ urbanos -a los que agregaría los ‘vulnerables’ y parte de la clase media emergente de las ciudades- sin cuyo concurso difícilmente llegará la anhelada paz.

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