¡Que les piquen caña!

¡Que les piquen caña!

1 dic 2015

Una consecuencia lamentable del debate de los últimos meses en torno a las políticas públicas y prácticas competitivas del sector azucarero es que ha contribuido a propagar la especie de que se trata de una industria estructuralmente inequitativa de cuyo desarrollo se benefician unos pocos. Sobre esta premisa simplista se fundamenta la insidiosa narrativa, tan querida de tantos columnistas y líderes de opinión bogotanos y de no pocos de nuestra región, de que el Valle del Cauca es un departamento particularmente desigual en un país terriblemente injusto.

Pues resulta que los datos dan al traste con este y con varios otros estereotipos asociados a regiones y sectores agrícolas de nuestro país. De acuerdo con los cálculos del Dane del coeficiente Gini (indicador de distribución del ingreso que varía entre 0 -perfectamente equitativa- y 1 -absolutamente inequitativa-) de los departamentos de Colombia en 2014, el Valle con 0,488 es significativamente menos desigual que Colombia como un todo (0,538) y se parece mucho más a Costa Rica (0,492 en 2013 según el Banco Mundial). De hecho, la inequidad en el Valle (“economía de origen latifundista y esclavista”) es bastante menor que en Bogotá (0,502) y que en regiones (“más racialmente homogéneas, dónde predominó una economía de pequeños artesanos y terratenientes”) como Santander (0,497) y Antioquia (0,555). Este último tiene la triste distinción de ser el segundo departamento más desigual de Colombia después del Chocó (0,598).

En nuestro país asociamos el café con miles de pequeños productores y una irrigación más ‘justa’ del ingreso. Sin embargo, el Valle es menos desigual que los departamentos tradicionalmente cafeteros como Quindío (0,497), Risaralda (0,498) y Caldas (0,522), como también lo es menos que los departamentos arroceros de Tolima (0,511) y Huila (0,547), y que otros que relacionamos con la papá, las hortalizas y otros productos de minifundio de clima templado como Nariño (0,496) y Boyacá (0,528).

La clave de la menor desigualdad relativa del Valle tiene que ver con que la brecha que hay entre la capital y el resto del departamento es inferior a la que se registra en otras regiones. Entre los 23 departamentos en los que el Dane mide el porcentaje total de personas pobres y el de su capital, el Valle es el tercero donde hay menor diferencia; la tasa de pobreza es del 22,7% en el departamento y de 19,1% en Cali. No solo tenemos menores índices de pobreza que Risaralda (23,7%), Antioquia (24,3%), Caldas (29,2%), Quindío (31,7%), Tolima (32,5%), Boyacá (38,2%), Nariño (42,9%) y Huila (43,9%), sino que además en todos estos departamentos, al igual que en Santander y Cundinamarca (los únicos con menores niveles de pobreza que el Valle), la relación entre la pobreza total y la de la capital es mucho mayor. Cuando en el Valle esta relación es de 1,2 veces, en Santander es de 2,3, en Huila de 2,2, en Tolima y Boyacá de 2, en Caldas de 1,9, en Antioquia y Cundinamarca de 1,7, en Nariño de 1,6 y en Quindío y Risaralda de 1,3 veces.

Lo que estas cifras dejan claro es que el desarrollo más homogéneo, más incluyente y más equitativo del Valle se debe a la relativa prosperidad de su ‘periferia’. La gran masa de esta ‘periferia’ la conforman 6 ciudades intermedias y 20 municipios de la zona plana que representan cerca del 40% de la población del departamento y que no solo tienen sus economías, sino también sus orígenes e historias, íntimamente ligadas a la industria del azúcar.

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