A cambiar el chip

Propiciar un cambio cultural y de mentalidad, que impulse el emprendimiento de alto impacto, es uno de los grandes retos que se ha impuesto la Cámara de Comercio de Cali. Perseverancia, coraje, pasión, confianza, riqueza y proyección forman parte de este nuevo lenguaje. Quienes conocen a Katrin Nyfeler están de acuerdo en que, en pocas palabras, es una dura. Esta administradora de empresas, especialista en mercadeo y derecho con estudios en finanzas y psicología, fue vicepresidente de destacadas multinacionales, miembro de junta directa de grandes compañías y consultora en temas de estrategia empresarial. Pero cuando anunció que se retiraba de la rutilante vida corporativa para emprender un negocio en las artes todo el mundo se le fue encima. En contra de las advertencias de su familia y algunos amigos sobre los riesgos de abandonar lo que consideraban seguro y de gran valía social, Katrin se asoció con la reconocida actriz payanesa Alejandra Borrero para fundar Casa Ensamble, el primer multiplex de teatro en Colombia que innovó en la manera de disfrutar este arte. Pero ella no es la única que en su momento enfrentó el ‘estigma’ de ser emprendedor, una visión local sombría de un rol que en países como Estados Unidos es altamente valorado y promovido por ser una pieza fundamental del engranaje que mueve el desarrollo económico. De hecho, una de las conclusiones del reporte Escalando el emprendimiento, elaborado por The Breakthrough y que sentó las bases de la creación de iNNpulsa Colombia, fue que el indicador de la mentalidad era una de las mayores barreras para emprender, incluso se ubicó por encima de la financiación en la lista de inhibidores para alcanzar emprendimientos de alto impacto. En el concepto de mentalidad se involucran aspectos relacionados con las actitudes que manifiestan los colombianos frente a la quiebra o el fracaso, la validez social del emprendedor, la legitimidad del emprendimiento como forma para alcanzar riqueza y la percepción de los emprendedores sobre su capacidad de obtener grandes éxitos. Todo un imaginario que durante décadas estuvo influenciado por la premisa de que ser empleado era una de las mejores opciones para ascender económica y socialmente. Lo bueno es que estas creencias han comenzado a cambiar. Según el Global Entrepeunership Monitor 2014, ya en Colombia un gran porcentaje de las personas manifestó su deseo de emprender, aunque más con el objetivo de lograr la independencia económica que con la premisa de generar empresa y riqueza. La apuesta de Cali Si bien aún hay mucho trabajo por hacer, finalmente se ha logrado poner el foco en este aspecto tan esencial para transformar la calidad del emprendimiento en el país. “Lo que hemos hecho es poner el concepto de mentalidad y cultura en el centro de la discusión acerca de la competitividad y el crecimiento empresarial”, afirma Catalina Ortiz, mentora de Valle Impacta que recientemente dejó la gerencia general de iNNpulsa Colombia, la institución que ha venido difundiendo la transformación de mentalidad en sus diferentes acciones a nivel nacional. En Cali este proceso ha sido liderado por la Cámara de Comercio, que a través de programas como Valle E, Valle Impacta y Cali MeetUp fomenta una cultura positiva en torno a emprender, la aceleración del crecimiento, el escalamiento, el networking y la transferencia de conocimiento. “Actualmente, esos actores trabajan de manera colaborativa y son menos recelosos de contar en qué están trabajando –asegura Ortiz-. Esto incluye, por ejemplo, los Fuck Up Nights donde la gente se reúne a contar sin tapujos cómo ha fracasado”. Mediante estas actividades, que congregan a cientos de emprendedores y empresarios, se ha procurado cambiar el chip cultural, ya que de acuerdo con los análisis realizados por la CCC, quienes querían crear empresa se debatían ante el miedo a tomar decisiones o a ser juzgados por su entorno familiar o social. Ahora, se propende por la creación de un nuevo diálogo basado en códigos como la perseverancia, el coraje, la pasión, la confianza y la proyección.
“En Cali es co­mún no querer contar en qué esta­mos y hay personas reacias a mos­trar su suerte. Eso hay que cambiarlo”.
De manera sólida se ha ido conformando una verdadera comunidad empresarial que maneja un discurso positivo frente al emprendimiento. En esa construcción de lenguaje ha sido fundamental la exposición de casos exitosos de las empresas que nacieron en medio de las dificultades típicas de toda nueva iniciativa, pero que han crecido de manera extraordinaria. De estas historias también han hecho eco los medios de comunicación tradicionales y alternativos de la región, con lo cual se ha creado un entorno que propicia y valora el espíritu emprendedor. Ortiz también destaca que en el pasado proceso electoral muchos de los candidatos incluyeron en su agenda de Gobierno los temas de mentalidad, cultura, emprendimiento e innovación. Y también señala que en la edición 2014 de la Semana Global del Emprendimiento participaron más de 120.000 personas, una cifra extraordinaria si se le compara con los 2.000 que se registraron en 2012. A pesar de lo positivo del balance logrado hasta el momento, aún hay tareas pendientes en las que todos los actores deben comprometerse. Para Ortiz, una de ellas es luchar contra una cultura acostumbrada a tener un bajo perfil. “En Cali es común no querer contar en qué estamos y hay personas reacias a mostrar suerte porque les da temor. Eso hay que cambiarlo”, dice. Otro obstáculo es la tendencia a trabajar de manera individual y negarse a la posible inversión de terceros, lo que genera dificultades para establecer sociedades. “Adicionalmente –concluye Ortiz- necesitamos mentalidades súper ambiciosas, empresas dispuestas a crecer a doble dígito durante varios años y que se proyecten a nivel regional y global. Para ello contamos con un factor muy positivo y es que en el Valle hay menos regionalismos que en otras ciudades, lo que nos permite convertirnos en un polo capaz de atraer el mejor talento sin importar de donde venga. Ojalá eso lo podamos mantener”.