Café Ginebras, la unión hace la fuerza

Eugenia Balanta, gerente de Cafexcoop S.A. Con el sueño de darle el valor que se merecía al café producido en el Valle del Cauca y trillarlo cerca a su lugar de origen en vez de delegarle la tarea a otros departamentos, hace más de 30 años se unieron las cooperativas de caficultores del norte del departamento (Caficaicedonia, Cafenorte, Cafioccidente, Caficentro y Café Sevilla) para crear Cafexcoop S.A. Los accionistas coincidían en que todos sus esfuerzos debían destinarse a lograr que el café producido en sus municipios se exportara de forma directa. “La trilladora se estableció en Tuluá, un sitio estratégico porque es el corazón del departamento y en él confluyen las economías de mediana escala del mismo”, dice Eugenia Balanta, gerente de la empresa. Los dueños de la compañía acogieron una propuesta de la Cooperativa de Caficultores de Sevilla para comprar una planta de tostión artesanal, ubicada en ese municipio, que pertenecía a un antioqueño que ya no podía hacerse cargo de su operación. “Él producía el Café Ginebra, preferido por los conductores de camiones y buses que visitaban Sevilla. Al comprar la empresa, se pensó en preservar la marca tal cual, considerada como patrimonio local, pero una disposición legal lo impidió”, explica la directiva. Una norma establecía que los productos no podían tener nombres de municipios del país. Por esto, al registrar la marca formalmente ante la Cámara de Comercio, se eligió el de Café Ginebras. Para entonces, la compañía avanzaba en su proceso de fortalecimiento para cumplir con los requisitos de los mercados internacionales que esperaba conquistar. Inicialmente, exportó pequeñas cantidades de café tostado a una empresa de máquinas dispensadoras en Chile. Luego, en 2002, aceptó el difícil reto de desarrollar un producto Premium a la medida del mercado ruso, que no era cercano a la cultura cafetera y consideraba a todos los derivados del grano como productos exclusivos para la burguesía. Tras esa experiencia, Cafexcoop se aventuró a exportar pequeñas cantidades de café tostado de alta calidad a Francia, México, Noruega, República Checa, Chile y Argentina. A Estados Unidos, por otro lado, envía café verde vallecaucano. Pero su actividad a nivel internacional no termina ahí. Una de sus principales innovaciones ha sido trabajar con microlotes, es decir convertirse en facilitadores para los caficultores del departamento interesados en exportar que hacen esfuerzos por preservar la calidad de sus productos, pero no cuentan con las condiciones para contactar directamente a clientes en otros países. De hecho, esa es una de sus motivaciones para permanecer en el Valle del Cauca, un departamento que registra 31 municipios productores de café de un total de 42. A esa ventaja se suma el hecho de contar con el puerto más importante de Colombia, y de estar a pocas horas de distancia de los municipios vallecaucanos, del Eje Cafetero y de Bogotá, sus principales mercados nacionales. “Nosotros –asegura Balanta- les ayudamos a los pequeños productores a analizar su café con catadores especializados que lo califican como lo haría el mercado internacional y les ayudamos a buscar quién les compre su producto al precio justo. Hemos pasado del modelo de exportación directa, que representa el 5% de nuestra propia producción, a integrar en la cadena al caficultor, que obtiene el 90% de los recursos que paga el cliente, y a darle confianza a este”. Ese conocimiento se ha convertido en la fórmula ganadora de la empresa, que actualmente trabaja con 25 caficultores en la construcción de modelos exitosos de exportación a EE.UU. y Europa. Otra variable indispensable han sido las facilidades que le brinda el departamento para volcarse al área productiva y tener una capacidad instalada al servicio del productor.