Camisas de talla mundial

Nació como un taller de confecciones para el segmento infantil y hoy produce prendas para marcas que visten a renombrados deportistas internacionales. Spataro Napoli cree en el potencial de mercado de Colombia y los países latinoamericanos. En la Gran Cumbre del Valle del Cauca, que se realizó en días pasados en Bogotá, uno de los panelistas contó uno de los secretos mejor guardados de los negocios en el país. En este departamento, dijo el ejecutivo, existe una compañía que fabrica las camisas que usan en sus viajes los jugadores de uno de los mejores equipos de fútbol del viejo continente y del mundo. Se trata de Spataro Napoli, una empresa con nombre italiano y ADN vallecaucano, que prefiere guardar reserva sobre este detalle por los compromisos que tiene con una reconocida marca europea, responsable de las dotaciones de los internacionales deportistas. Su fundador, el argentino Domingo Spataro Napoli, se estableció en Cali en los años cincuenta y en su casa, ubicada en el popular barrio San Nicolás, fundó con su esposa un taller de confecciones especializado en el segmento infantil. La pérdida de un hermano lo obligó a cerrar el negocio hasta que en 1964 su hijo, el bugueño Humberto Spataro, decidió darle una segunda oportunidad a la fábrica. Humberto estudiaba en la Universidad del Valle y era un fanático por la industria y las actividades productivas y fabriles. Con el reto de revivir el negocio familiar empezó a fabricar camisas para hombre y sentó las bases del magnífico negocio que es hoy. Su reputación se empezó a construir con las camisas marca Cady, que se vendían en el mercado local. En 1981 entró a la firma Alfonso y en el 85 se vinculó Julio, hijos del heredero, que asumieron algunos años después las riendas de la fábrica con roles muy claros que les permitieron impulsar el crecimiento. Alfonso se desempeña como director comercial y Julio tiene a su cargo la gerencia administrativa. Concentrados en Latinoamérica Spataro Napoli tiene dos unidades de negocio. En la primera fabrican las marcas que adquirieron mediante franquicia para distribuir en el mercado nacional (Arrow y Manhattan). La segunda es la división de prendas para marcas privadas. Esta unidad reporta el 60% de la facturación y ofrece a los clientes el denominado paquete completo: asesoría en telas, texturas, tejidos, accesorios y diseños. Además producen prendas de marcas propias como Roland. En Colombia está presente en grandes superficies y almacenes de cadena como el Éxito, Flamingo y La 14, mientras que el 50% de su producción se exporta a 12 países de América Latina. Su historia exportadora se inició en 1992, cuando se convirtió en una de las franquicias de la marca Manhattan, que tenía otras en varios países del continente. Tras su paso por algunas ferias internacionales, los buscaron varias marcas interesadas en su portafolio. Empezaron a fabricarles a los franquiciados de Manhattan en Venezuela y a los almacenes chilenos París, que más tarde se transformaron en Jumbo. Luego obtuvieron la franquicia de Arrow y, después, adquirieron Representación de Camisas en México. Este ya era cliente y le fabricaban las camisas Van Heusen y Nina Ricci. Hoy, fabrican prendas para marcas de alto reconocimiento internacional, como Adolfo Domínguez. Estados Unidos es un mercado que exploran tímidamente, especialmente en el segmento corporativo en el que emplean telas colombianas, pues las condiciones del TLC vigente con ese país no favorecen la producción de cantidades pequeñas para los segmentos de mercado más costosos, que es donde podrían tener mejores posibilidades. La compañía caleña emplea telas colombianas que adquiere a fábricas pequeñas que poco a poco se han fortalecido gracias a la reactivación de la producción en el sector industrial, pero está en capacidad de adquirirlas en cualquier rincón del mundo, según las necesidades de sus clientes. En ese sentido, Alfonso resalta las ventajas competitivas que le brindan la ubicación geográfica de Cali y la cercanía con el puerto de Buenaventura. Multiplicar, en lugar de sumar Hace tres años suscribieron una alianza con Color Siete, que pertenece a Teka Capital, fondo de inversión del Grupo Santodomingo, para consolidar lo mejor de cada empresa. Color Siete aporta su capacidad de diseño y los caleños potencializan los negocios gracias a su extensa red de clientes. La proyección es llegar a una eventual fusión entre las firmas, pero mientras se concreta ese escenario desarrollan diversos proyectos conjuntos que les permiten crecer e innovar. Gracias a esta sinergia, por ejemplo, las dos compañías le producen prendas a La Dolfina, marca privada del equipo de polo del mismo nombre, fundado en Argentina por el deportista Adolfo Cambiaso, considerado como el mejor representante de ese deporte a nivel mundial. En esta tarea, reconoce Alfonso, también ha sido vital el trabajo en equipo, aunque en ese aspecto la región enfrenta retos. “Hemos logrado consolidar un equipo de personas en producción que, además, tratamos de conservar porque en la ciudad no abunda la mano de obra calificada. La buena noticia es que la región aún cuenta con una importante base productiva, que sobrevivió al embate de las confecciones asiáticas”, afirma el director comercial. Las perspectivas para la empresa son positivas. De hecho, este año lograrán fabricar 1’110.000 prendas. Además, proyectan ampliar su cuota en el mercado ecuatoriano y consolidar su presencia en Centroamérica, México y Brasil. Otro objetivo es mudarse a una nueva planta porque el local que ocupan ya se quedó pequeño para los 600 empleados que fabrican las prendas. En la nueva sede tendrán que planear la manera en que lograrán acomodar a los 1.200 colaboradores que aspiran a tener en el año 2020, ampliación que será producto del gran esfuerzo comercial, de la calidad en el diseño y de los insumos que, entre otras cosas, les han permitido acompañar en los momentos más importantes a los jugadores más valiosos del planeta.