El golpe del gas

Aunque el país tiene reservas para atender la demanda de gas durante los próximos siete años, preocupan los altos costos que deben asumir los industriales vallecaucanos por cuenta del alza en el precio del dólar y la lejanía con respecto a los centros de producción. El costo de la energía eléctrica no es la única preocupación para los empresarios vallecaucanos. Por cuenta de la devaluación, el precio del gas también ha experimentado un incremento en los últimos meses, afectando las facturas de las industrias asentadas en el departamento. En el país, la estructura de precios del gas involucra tres variables: el costo del gas en boca de pozo, es decir, el precio que se paga a Ecopetrol por la producción; el valor que se paga por el transporte desde el yacimiento hasta las ciudades, y el valor de distribución y comercialización a cada usuario. De acuerdo con el presidente de Naturgas, Eduardo Pizano, “el precio en boca de pozo está dado en dólares y, a medida que se ha devaluado el peso, su precio ha aumentado”. Para la capital vallecaucana existe un factor adicional que incide en este fenómeno y es el alto costo de transporte, ya que los pozos que surten a esta región están ubicados en Cusiana (Llanos Orientales) lo que eleva las tarifas en comparación con las que manejan capitales como Bogotá, del Eje Cafetero o Medellín, entre otras. Y recientemente se generó una polémica aguda con el sector privado en la Costa Caribe porque sus precios también son elevados, aunque se abastecen con yacimientos ubicados en La Guajira. En el Valle del Cauca las tarifas de gas natural serán un tema sensible para la región durante los próximos años, ya que el precio del gas en boca de pozo, será ajustado por la inflación, variable a la que se le suma la devaluación, afectando las tarifas al usuario final. Hoy las tarifas del Valle del Cauca son las más altas del país, y de continuar así, se seguirán incrementando, aumentando la brecha de precios de gas entre la región y el resto del país. Para buscarle alternativas a esta situación, tanto la gobernadora del departamento, Dilian Francisca Toro, como un grupo de senadores de la región han elevado peticiones al Gobierno Nacional, Ecopetrol y la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg) para que se considere una revisión de la situación tarifaria del gas para el Valle del Cauca. Otra opción a largo plazo es que se dé vía libre por parte del Gobierno a la construcción de una planta regasificadora en esta región para que llegue allí el gas licuado y sea convertido en gas natural. Sobre el tema, Pizano indica que es fundamental analizar la demanda potencial que tendría el proyecto porque “si se excede la capacidad y se sobreamplía por encima de lo que realmente el mercado necesita, se estaría haciendo una inversión que resultaría muy costosa”. El ejecutivo señala que quien paga ese tipo de proyectos es la demanda, es decir los empresarios a través de las tarifas del insumo, lo que dejaría en duda si realmente se podría disminuir el precio del gas o tal vez se encarecería para darle viabilidad al proyecto. El representante de las industrias gasíferas sostiene que el país tiene suficiente reserva para atender el mercado en los próximos siete años. Sin embargo, debido al fenómeno de El Niño, se debe destinar una proporción alta de gas al sector termoeléctrico durante dos o tres meses para que se genere electricidad teniendo en cuenta que se disminuye la capacidad de generación hidroeléctrica. Esto explica el interés en suscribir un convenio con Venezuela para importar alrededor del 3% del total de la demanda de gas del país. En todo caso, es claro que se requieren de políticas públicas que permitan incentivar la exploración para realizar nuevos hallazgos que satisfagan la demanda actual y potencial. El mapa del gas El consumo de este energético ha experimentado un crecimiento sostenido del 7% anual desde el 2011, especialmente por cuenta de las termoeléctricas, la industria, el mercado doméstico (residencial y comercial) y el petrolero. En 2015, los niveles de producción más altos se registraron en enero, cuando el volumen alcanzó 1.330 GBTUD (medida británica cuyas siglas son: Giga British Thermal Units), lo que representó un incremento del 4% con respecto al mismo mes del año anterior. El centro del país y la costa son las regiones que mayores consumos reportan y, a nivel de clientes, se prevé que para el 2024 el sector residencial incrementará su demanda en un 31% en comparación con lo registrado en 2014. En consumo comercial, se prevé un incremento del 37,6% según la Unidad de Planeación Minero Energética (Upme). Para el sector industrial, la demanda tendría un crecimiento del 46,1% mientras que la del sector petroquímico permanecería igual. A nivel nacional, su oferta se sustenta en nueve cuencas: Guajira, Llanos Orientales, Valle Inferior del Magdalena, Valle Medio Magdalena, Valle Superior Magdalena, Catatumbo, Cesar–Ranchería, Cordillera y Putumayo. Entre enero y septiembre de 2015, según el informe de la Upme titulado Balance de Gas Natural en Colombia 2015-2024, las cuencas que más aportaron a la producción nacional fueron los Llanos Orientales, La Guajira y la del Valle Inferior del Magdalena, con el 36%, 34% y 14%, respectivamente. Los campos más productivos fueron Cusiana, Cupiagua y Gibraltar, en los Llanos Orientales, y Chuchupa, Ballena y Riohacha, en La Guajira. Actualmente, en Corea se adelanta la construcción de la planta regasificadora de gas licuado flotante que estará anclada en la Bahía de Cartagena, específicamente en Barú, y permanecerá conectada al sistema nacional de transporte que pasa por ahí. Esta planta permitirá importar un poco menos de 400 millones de pies cúbicos para atender la demanda periódica que se produce por cuenta de El Niño.