El valor de fracasar

Andrés Hernández es un emprendedor por excelencia. Ha desarrollado cuatro empresas y trabaja en Google. El fracaso hace parte de su hoja de vida y asegura que vivirlo fortalece el carácter y el espíritu. Por Andrés Hernández* Desde el primer momento en que nos lanzamos a ser empresarios debemos asumir que existe una alta posibilidad de enfrentar el fracaso. Es una situación inherente al emprendimiento, forma parte de ese proceso de caminar hacia el éxito. Hasta podría decirse que quien no ha fracasado tampoco está preparado para capitalizar los logros. A nadie le gusta vivir esa sensación de vacío, pérdida y soledad que deja el mal término de un proyecto empresarial. Pero muchos dicen que es en esos momentos cuando se conoce a los verdaderos amigos, y diría que también a los verdaderos socios porque en medio de una crisis se alejan quienes no tienen el carácter para ser emprendedores. Mi primer fracaso lo probé a los 21 años. Tras detectar una oportunidad de negocio comercializando dispositivos de iluminación y decoración para grandes hoteles en Costa Rica, mi país natal, fundé una compañía que despegó cosechando grandes éxitos. La proyección era alentadora. Pero en medio de esos buenos augurios se cocinó un fraude por parte de uno de mis empleados, quien además era miembro de mi familia. En pocos meses vi cómo mi negocio se fue a pique y me dejó deudas. Lo más difícil de asimilar fue la traición de alguien en quien había depositado mi confianza. Dolor, angustia, impotencia y gran presión son los términos con los que defino los meses que viví. Fue un duelo que se tomó un trimestre, me encerré en mi casa sin querer ver ni hablar con nadie. Estos meses también fueron los de mayor crecimiento y aprendizaje porque me dediqué a la reflexión sobre lo que había fallado. Únicamente en la soledad uno puede identificar la fortaleza de su carácter, aquel con el que continuaremos enfrentando los momentos difíciles de ser empresarios. Después de esa fase llega el momento de replantear tu vida y prioridades. Naturalmente vamos a tener fracasos. Quien no los enfrenta, no logra victorias merecidas. No hay que temerle porque si no te arriesgas, no ganas. Gracias al fracaso aprendemos y nos fortalecemos. Además, no debe ser una razón para frenarnos como emprendedores. Por el contrario, ese sentimiento disminuye cuando te arriesgas. Tampoco es recomendable centrar nuestra vida en una sola área u objetivo. Debemos alcanzar un balance. Mi prioridad es Dios y, después de él, compartir con mi familia y amigos. Luego está el impacto social que pueda generar con mis talentos. También es fundamental definir nuestras necesidades, en lugar de autocrearlas, porque así sabremos que es vital para nosotros aunque nuestros planes fallen. Así mismo, debemos cultivar la paciencia porque nos permite ser conscientes de que hay cosas que vamos a lograr en un determinado tiempo, pero habrá otras por las que tendremos que luchar. De esta forma podemos vivir la verdadera paz interior y estar abiertos para recibir los regalos que la vida nos trae cada día. Finalmente, es esencial trabajar en la disciplina personal y en adquirir herramientas para ejercer una buena administración y enfocarnos en resultados. Todos los domingos procuro trabajar un rato en organizar mi agenda para la semana. Así defino la rutina con la que abordaré cada día, sin olvidar que probablemente habrá cosas inesperadas que miraré como oportunidades para aprender. *Fundador y director de Scalab, donde asesora empresas sobre competitividad. Dirige Upe Places, compañía que ofrece un concepto alternativo de turismo. Tiene una empresa de desarrollo de software, Axeltec, y es socio en The Influence, compañía que realiza análisis de datos de social media para varias marcas con más de 100 clientes en seis países (Costa Rica, Guatemala, México, Colombia, Perú y Estados Unidos).