La alegría de crecer

En 35 años, Industrias Rapid pasó de ser una famiempresa de subsistencia a una mediana empresa que no se detiene. Con sus productos han apoyado el proceso de aprendizaje de miles de colombianos. Que la témpera de color verde es la menos usada por los niños del suroccidente colombiano, en cambio la roja y la blanca son las grandes protagonistas de las tareas infantiles, es un dato que en Industrias Rapid conocen en detalle, así como el destino de cada una de las 30.500 cajas de plastilinas cortas por nueve colores que despacharon en junio pasado. Esta empresa familiar, que arrancó hace 35 años en el patio de una casa en el barrio Vipasa, hoy cuenta una historia multicolor, forjada entre pegantes, borradores, escuadras, reglas, crayones, plastilinas y acuarelas. Su fundador, Guillermo Payán Navia, trabajó durante varios años para Esterbrook, una compañía de artículos de escritura y escritorio que por un cambio de estrategia cerró sus operaciones en Cali, dejándolo a él y a sus compañeros frente a la incertidumbre del desempleo. Con 39 años de edad y tres pequeños hijos, Guillermo probó emplearse en la extinta Uniroyal. Pero el trabajo de oficina no era lo suyo. Las ventas, el peregrinar de cliente en cliente, han sido su gran vocación. Así que armado de su principal talento, el comercial, empezó reempacando pegante en tarritos de 35 cms cúbicos. Su primer cliente grande fue La 14, que creyó en su emprendimiento y codificó el producto en algunos de los almacenes de la capital del Valle. La diversificación llegó con la línea geométrica y las témperas. El naciente empresario contrató a un matricero que diseñaba los moldes y un odontólogo amigo suyo, el doctor Llanos, que había comprado una máquina de inyección completaba el proceso para fabricar las reglas. Guillermo aprovechó todo el conocimiento que tenía sobre los grandes compradores y distribuidores en el suroccidente del país para programar sus visitas semanales. Su hijo Julián, que hoy está a cargo de algunas de las labores comerciales y de producción, recuerda que lo veía llenar con cajas de Industrias Rapid una camioneta Dodge Polara 1500. Luego arrancaba rumbo a Popayán, en donde visitaba todas las cacharrerías, papelerías y almacenes de variedades. Y si le quedaba producto seguía para Pasto e Ipiales a terminar de vender los inventarios guardados entre el carro. Mientras tanto su esposa, Lida Martínez de Payán, se quedaba al frente del hogar y de la empresa, especialmente a cargo de todas las labores administrativas.
La reinversión es clave para impulsar la transformación de esta empresa que genera empleo en Cali.
Con el crecimiento de los pedidos se vieron obligados a buscar un lugar más amplio y trasladaron sus operaciones al barrio El Piloto, con el propósito de comprar varias viviendas y convertirlas en bodegas. También adquirieron la maquinaria requerida para la producción de tarros y tapas de diferentes tamaños y se aventuraron a desarrollar las fórmulas de los pegantes y las témperas, iniciando su producción propia. Julián cuenta orgulloso que su padre no sólo es un vendedor innato sino un innovador. “Él fue el pionero de la cartulina en octavos”, dice al recordar que Rapid fue la primera empresa que ofreció el producto en este formato y que esta propuesta les generó un crecimiento increíble durante los meses que se mantuvieron como los únicos proveedores. La reinversión, una constante La historia de crecimiento no ha parado. Hace siete años se trasladaron a un predio que compraron en Arroyohondo, inicialmente con las operaciones de inyección y soplado. En Cali se mantuvo la producción de plastilina, témpera y vinilo, hasta que culminaron las obras de adecuación de la nueva planta, y del espacio de oficinas. La reinversión de utilidades es una filosofía que Guillermo les ha inculcado a sus hijos, ya que ha comprobado que cada peso destinado a la renovación de equipos o la adquisición de maquinaria nueva se revierte rápidamente en más pedidos. Este año compraron una máquina para el proceso de llenado de vinilo, que les permitió reducir en dos semanas los tiempos de este proceso. Y ya estudian la compra de una máquina para la producción de plastilina. También se han dado cambios en materia de estrategia comercial, contratando a vendedores propios e impulsadoras que cubren el 80% del territorio nacional. Hoy la marca caleña se ofrece en papelerías, cacharrerías, almacenes y pequeños comercios de Bogotá, Medellín, Eje Cafetero, la Costa Caribe y los Santanderes. Entre distribuidores, comercializadores y clientes finales alcanzan unos 350 clientes, entre los que se destacan La 14, que los tiene codificados en todos sus puntos de venta a nivel nacional, y Confamdi en Cali. Esa dinámica les ha impulsado sus ventas en un promedio de 12% anual durante los últimos años, aún cuando compiten con grandes y reconocidas firmas del sector. El proceso de sucesión ya comenzó en la empresa. Guillermo va a la empresa todos los días y semanalmente visita a sus clientes del centro de Cali, cacharrerías y papelerías ubicadas en la zona del Palacio de Justicia. Allí continúa dándole gusto a su instinto comercial, y aprovecha para conversar por largas horas con los dueños de los negocios, los vendedores y los clientes. Julián empezó fabricando las témperas y los vinilos y después pasó al área comercial. Actualmente es el responsable de las ventas en el Cauca y está a cargo del área de producción de témperas, vinilos y pegantes. Su hermano, Miguel Santiago, se encarga del área de inyección y maquinaria en tanto Lida continúa vigilando las tareas administrativas. Sin embargo, por decisión familiar, optaron por estructurar un departamento comercial más sólido que les permitiera mantener su crecimiento en el mercado y contrataron como gerente de ventas a un profesional con amplia experiencia. Un total de 54 empleados laboran de manera directa con la compañía, y nueve más los apoyan de manera indirecta en labores específicas. También han incorporado insumos seguros a los productos que fabrican. “Todos nos comimos un borrador alguna vez cuando fuimos pequeños ¿sí o no? – asegura Julián – por eso decidimos trabajar con insumos naturales aprobados por la FDA, ninguno de nuestros productos es tóxico y esa es parte de nuestra promesa de valor”. Con este legado de tesón, Industrias Rapid demuestra que a pesar de haber nacido como una microempresa de subsistencia en el patio de una casa, la visión y la reinversión han sido las claves para impulsar la transformación en una mediana empresa que hoy genera empleo y bienestar en Cali.