Lo verde es más que moda

Diversas organizaciones públicas, privadas y mixtas trabajan en iniciativas que buscan propiciar los negocios sostenibles, que protejan los recursos ambientales y los bienes de la naturaleza para garantizar la viabilidad de la humanidad en el largo plazo. La urgencia de contribuir a lo que la OCDE ha denominado el Crecimiento Verde es una verdad innegable. En un documento que propuso esta organización en la Cumbre de Río de Janeiro en 2012 se presentó una propuesta marco de política en este sentido, reconociendo que para fomentar el desarrollo económico se deben asegurar los bienes naturales para continuar proporcionando recursos y servicios ambientales que contribuyen al bienestar de la humanidad. Este es uno de los ‘abonos’ claves para impulsar la prosperidad de los bionegocios en el mundo. De esa forma se han identificado diversas iniciativas y se percibe una fiebre emprendedora en el segmento de los negocios verdes en Europa, Estados Unidos, Asia y Latinoamérica. Suramérica se configura en una región privilegiada para esta actividad ya que alberga 40% de la biodiversidad terrestre y tiene en su territorio a cinco de los países más megadiversos: Colombia, Brasil, Ecuador, Perú y Venezuela, señala el proyecto Biocomercio Andino sobre facilitación de financiamiento para negocios basados en la biodiversidad y apoyo a actividades de desarrollo en la región andina. Las naciones que le apuestan a ese segmento en el cono sur se rigen por la iniciativa BioTrade, liderada por la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés) desde 1996. Esta establece siete principios tendientes a promocionar el comercio y la inversión en productos y servicios derivados de la biodiversidad. En Colombia, el Valle del Cauca es líder, y se proyecta como jugador internacional, porque desarrolla proyectos como la producción industrializada de biomasa. Además, ha construido un ecosistema que genera negocios a partir del aprovechamiento sostenible de recursos y actúa en cadena con las universidades y otras entidades que promueven la investigación. Esta evolución está apalancada por la Narrativa Estratégica de Competitividad regional, que reconoce la importancia de los recursos naturales en su estructura productiva. En el resto del continente, según René Gómez, ejecutivo de la unidad de Ambiente y Cambio Climático del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), el trabajo de la UNCTAD permitió identificar cadenas estratégicas de valor que le han facilitado a Latinoamérica conquistar destinos diversos con productos como la quinoa, el sacha inchi y el cangrejo rojo. “Se ha generado un proceso integrador en el territorio que parte del conocimiento y buenas prácticas locales para luego consolidar mercados nacionales y acceder a los internacionales con productos de nicho”, dice Gómez. Desde hace cinco años, esta estrategia ha permitido llegar a Japón, Estados Unidos y Canadá. No obstante, los países andinos se enfrentan a barreras regulatorias que impiden acciones para promover, de manera simultánea, la conservación de la especie, su producción y exportación. En ese sentido Perú, con el Consejo Nacional de Biocomercio e instancias que promueven incentivos fiscales y tributarios a las bioempresas, les lleva la delantera a sus pares. Prevalece lo natural Estados Unidos es otro mercado líder en biocomercio porque ha identificado la tendencia de sus consumidores a adquirir productos naturales, de acuerdo con el Centro de Comercio e Inversión de la Cámara de Comercio Colombo Americana (Amcham Colombia). De hecho, el gobierno norteamericano creó en 2008 el Programa de Comercialización e Investigación Agrícola para desarrollar y comercializar productos naturales no alimenticios. Los biocombustibles, el papel hecho de paja, los muebles, el cartón de fibra y el algodón son algunos de los productos fruto de esa estrategia que se suma a la del Programa Nacional ARS 306, del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA). “La demanda de los consumidores estadounidenses por productos que tengan componentes naturales y sean producidos de manera sostenible representa un 35% de la demanda mundial y se espera que crezca 10% para 2018”, asegura la Cámara. En la promoción de los bionegocios en el país del norte también ha sido fundamental la creación de plataformas como BIO One-on-One Partnering™, que conectan empresas líderes en biotecnología y farmacéuticas con posibles proveedores grandes y pequeños de productos naturales. Aunque el sector de alimentos en Estados Unidos reportó un crecimiento de 238% en productos de biocomercio en el último año, no cuenta actualmente con planes específicos para exportar. En Europa, a pesar de que algunos países tienen una biodiversidad limitada, también se gestan bionegocios porque los mercados valoran los productos de empresas que demuestran un compromiso con el aprovechamiento sostenible de recursos y porque existen industrias con alto nivel de tecnificación. Según el Barómetro de Biodiversidad de la Union For Ethical Biotrade, Yves Rocher (cosmética vegetal) y Unilever, son las que tienen mejor reputación como marcas que respetan la biodiversidad en Francia y Holanda, respectivamente. Este último país, revela el barómetro, es uno de los mayores exportadores de alimentos y productos agrícolas de ese continente gracias a cadenas internacionales de aprovisionamiento. También tiene un papel destacado en el área de investigación en bionegocios farmacéuticos.