Pilas con los nuevos marcos contables

Por: Jaime Ortíz Socio de Impuestos EY Colombia

Son muchos los cambios introducidos por la Reforma Tributaria, o Ley 1819 del 2016, que afectan las actividades de las compañías en todos sus niveles, pero particularmente me voy a referir a los nuevos marcos contables que determinan la base gravable del impuesto sobre la renta para las entidades obligadas a tener contabilidad —que a hoy, son la gran mayoría en el entorno empresarial colombiano–. Un apartado de la Reforma que por su tecnicidad puede resultar complicado, pero haciendo una transición adecuada le puede evitar muchos inconvenientes.

En una primera mirada al tema, se podría pensar que este cambio está alineado con el mensaje de simplificación del sistema tributario predicado por el gobierno en la socialización del proyecto de reforma, ya que la contabilidad bajo IFRS para efectos contables, y la contabilidad bajo los principios del Decreto 2649 para pilasefectos fiscales, de por sí representan una carga administrativa muy importante para las compañías.

No todas las compañías han culminado el proceso de implementación de los nuevos marcos contables con referencia a IFRS y por lo tanto aún son muchos los ajustes que se requieren para estabilizar los sistemas de información que soportan estos procesos, pero la Reforma los obliga a incorporar sistemas de control o conciliaciones para el registro de las diferencias, pues de no hacerlo serán sancionados por irregularidades en la contabilidad.

La moneda funcional, es decir la moneda en que debe ser manejada la información tributaria, corresponde al peso colombiano con lo cual aquellas compañías que en virtud de los nuevos marcos regulatorios contables hayan definido como moneda funcional una distinta a esta, deberán adelantar las implementaciones tecnológicas que correspondan para demostrarle a la autoridad tributaria, en un eventual proceso de auditoría, la determinación de las cifras contables en pesos colombianos.

Ahora bien, esta obligación recae sobre el control o conciliación de las diferencias, por lo tanto también se podría pensar que al adoptarse el mismo marco contable como principio para efectos fiscales, las diferencias no deberían ser significativas. Lo cierto es que si se hace el ejercicio de pasar por cada uno de los rubros de los estados financieros es posible encontrar variación entre las cifras contables y las cifras fiscales en cada uno de ellos, más allá de que los sistemas y métodos para la determinación de las cifras sean los mismos en ambas materias.

A manera de ejemplo, existe una alta probabilidad de que para una compañía la depreciación sea distinta para efectos fiscales a la determinada para efectos contables, no solo por las limitaciones introducidas por la reforma, sino porque el valor del activo depreciable puede ser distinto; si a esto le sumamos que dicha depreciación tiene consecuencias en la determinación del costo de producción, y por tanto en el costo de ventas y saldo del inventario, me atrevería a decir que esas entidades van a enfrentarse a la necesidad de tener un sistema de costeo contable y otro fiscal y a controlar el valor de los activos de manera independiente para uno u otro efecto, lo cual se traduce en nuevos procesos, nuevos desarrollos tecnológicos y destinación de recursos, en vez de simplificación de procesos.

Por otra parte, la Ley establece un régimen de transición para —entre otros— el manejo de ciertos activos ya existentes al 31 de diciembre de 2016, que determina que haya un manejo para estos y otro para las transacciones que iniciaron desde el 1 de enero del 2017. Muy seguramente será necesario que las compañías diseñen controles sobre esta particularidad.

Finalmente, desde la misma expedición de la Ley, el legislador definió un listado de transacciones que tendrán un tratamiento tributario diferente al contable y conserva su autonomía para apartarse, de ser necesario, del marco contable para efectos fiscales, obviamente esto con un ánimo recaudatorio; pero como el objetivo de este artículo es mostrar la realidad de la simplificación, solo menciono que cada diferencia en el reconocimiento de las transacciones entre lo contable y lo fiscal potencialmente representa la necesidad de integrar nuevas soluciones tecnológicas para su control y el continuar incurriendo en costos administrativos, pero ahora con el agravante de que no hacerlo acarrearía sanciones.