“Somos los Minions del Prototipado”

36La baja disposición a invertir en procesos de diseño de nuevos productos es una de las grandes barreras que deben superar los empresarios colombianos si quieren innovar en serio, señala José H. Berrío.

Con más de 800 prototipos entregados y 52 clientes nacionales e internacionales que han confiado en su ‘don’ para el diseño de nuevos productos, José H. Berrío, con 32 años, se afianza como uno de los líderes en metodologías de innovación en prototipado en el país. “Somos los minions de las empresas, hacemos el desarrollo del producto con nuestro equipo”, explica el consultor en alusión a los creativos personajes de la película infantil.

Este emprendedor serial ha fundado cinco compañías, incluyendo BTI, el laboratorio de prototipado que creó en 2007 tras regresar de España. En ese país obtuvo su grado Summa Cum Laude como licenciado en Ciencias de los Negocios y Marketing, y realizó una especialización en innovación e investigación de mercados en la Universidad de Gales. Trabajó en Vodafone, una de las compañías de telecomunicaciones más grandes en Europa, y después lo nombraron director de mercadeo en C2, una de las agencias digitales más importantes del país ibérico.

Contrario al sentimiento de desarraigo patrio que sienten muchos profesionales cuando escalan posiciones destacadas en el exterior, Berrío dice que le surgió una necesidad urgente de regresar a Colombia para ‘construir patria’.

Con $10 millones y la pasión por el diseño de nuevos productos, se acomodó en las escaleras de la oficina que tenía su papá. Un argumento de ventas en el que se destacaba su capacidad para ayudar a las empresas en la cocreación de nuevos productos, en un país en donde aún estamos al debe en términos de innovación, no facilitó mucho la labor. Pero su talento innato para el prototipado se impuso.

Mauricio Lince se vinculó como primer empleado y socio, pagando sus acciones en BTI con su sueldo. Hoy son 15 personas las que conforman una plantilla que, además de contribuir a los procesos de innovación de terceros, trabaja para ellos mismos con procesos que han dado como resultado la fundación de cuatro startups, de las cuales tres han sido vendidas a fondos de inversión e inversionistas particulares, y una fracasó.

Los socios fundadores mantienen entre el 20% y el 50% de la participación accionaria de sus emprendimientos, cuotas que estarían valoradas en aproximadamente un millón de dólares, según el empresario. IBC Code Control, compañía de gestión documental y de activos, fue comprada por la española Adea. También desarrollaron la aplicación www.yonohagofila.com, solución enfocada en apoyar logística de eventos con la que participaron en el World Startup Competition en Seúl en 2014 y luego vendieron a un inversionista que hoy la comercializa bajo la marca Rebus.

Retos en innovación

Los procesos desarrollados en tantas compañías le han dejado a Berrío una idea clara de los retos que tiene el país en innovación de producto. “Las debilidades más grandes están en la ejecución y en la disposición para arriesgar un capital para ello porque innovar cuesta. A las personas les resulta más fácil invertir en una valla que en una aplicación, servicio o producto sobre el que no existe certeza de si va a funcionar o no”, señala.

Este temor o aversión al riesgo está presente en organizaciones de todos los tamaños. Por esto, parte de su proceso de intervención implica invitar a sus ‘socios’ creativos a lanzarse en nuevas decisiones arriesgadas. “Un producto tiene varias versiones antes de lanzarse definitivamente al mercado, pero solo podemos mejorarlo en la medida en que lo ponemos a prueba con el consumidor en un ambiente real de compra, no haciendo estudios controlados en un laboratorio”, explica Berrío sobre la manera en que se testean las diversas versiones que surgen del proceso de prototipado.

La ventaja del proceso está en que se crea el producto a un menor costo, aunque desde la versión beta hasta la final se pueden realizar en promedio 12 ajustes de diversa envergadura, lo que se traduce en un trabajo de siete meses. Cada proyecto tiene sus propios indicadores de desempeño en relación con el producto. En el caso de una botella, por ejemplo, un factor fundamental es el agarre y por lo tanto en cada prueba miden la satisfacción del consumidor potencial en este aspecto. Para cada producto que está en fase de cocreación, porque lo desarrollan en conjunto con el cliente, se definen las variables determinantes en el proceso de compra y se ponen a prueba en el mercado real.

BTI ha trabajado con compañías e instituciones en todas las regiones del país, pero con la Cámara de Comercio de Cali (CCC) se involucraron en el programa Alianzas para la Innovación, que cofinancia Colciencias, para trabajar con pequeñas y medianas compañías, un segmento que hasta ese momento no había accedido a sus metodologías por el costo de este tipo de consultorías. El resultado para Berrío fue muy exitoso, pues lograron que el 92% de las pymes vinculadas a la iniciativa construyeran su prototipo.

“Nosotros somos la llave inglesa de nuestros clientes, pero es la empresa que nos contrata la que dirige el proceso y toma las decisiones de lo que se hace y lo que no”, dice Berrío.

Para generar el máximo valor al cliente, BTI aprovecha su capital social en el exclusivo mundo de la innovación en producto, apalancándose en talentos internacionales que trabajan en compañías como Facebook, Google y laboratorios especializados.

Berrío asegura estar dispuesto a arriesgarlo todo por sus sueños, incluso su patrimonio personal. Al fin de cuentas así es el mundo de la innovación, una mesa de apuestas en la que las metodologías brindan un camino para el proceso de cocreación de nuevos productos, pero la mano ganadora la tiene el consumidor final.