Tejedor de retos

Textiles Acrilán ha consolidado su crecimiento a partir de principios esenciales como disciplina, compromiso, visión, control y cumplimiento que ha promovido Juan Alfredo González, hijo del fundador y artífice de una historia al mejor estilo del ave fénix. Juan Alfredo González ha aprendido a ver el mundo con una perspectiva completa y de largo plazo. No de otra forma se explica el que Textiles Acrilán, la empresa familiar que rescató de la ruina hace 16 años, duplicara sus ventas en apenas tres años. “El año pasado crecimos el 17%, y vamos a mantener un ritmo promedio del 20% en los próximos dos años. Además, estamos proyectando que en el 2016, el 20% de la producción se colocará en mercados internacionales”. Juan Alfredo tiene todas las cifras del negocio en su cabeza, sabe con claridad cuánto le vale cada centímetro de tela, y cuánto pesa en sus costos (el 70%). Les ha inculcado a todos los miembros del equipo la cultura de la medición porque está convencido de que la productividad de la empresa está en las manos de los operarios y de sus supervisores. ¿De dónde surgió el ímpetu de esta firma caleña, que para muchos se encontraba fuera del radar a pesar de vender cerca de $30 mil millones anuales en prendas de vestir? La historia la inició hace 30 años su padre, Juan Manuel González, al fundar una compañía para fabricar camisetas tubulares. Los años gloriosos, como él los califica, los vivieron a comienzos de los 90 cuando eran los reyes de este tipo de prendas, a tal punto que se daban el lujo de tener una sola talla (L) y un solo color (blanco) que fabricaban 12 operarios en máquinas vetustas. Pero el reinado les duró poco: nuevos competidores comenzaron a robarles mercado con algunos pocos elementos diferenciadores, como prendas de diversos colores y disponibles en todas las tallas. Para 1998 Textiles Acrilán era apenas una sombra a punto de desvanecerse. En ese momento Juan Alfredo, que se había graduado como economista en la Universidad Autónoma de Occidente, trabajaba como comprador nacional en Cadenalco, y llevaba ocho meses casado con la paisa Isabel Cristina Cadavid Maya, quien manejaba un equipo de cien personas en el proyecto de digitalización de archivos en la Cámara de Comercio de Medellín. Un elemento más se agregaba a la crisis de Acrilán: la enfermedad de su madre la había obligado a abandonar sus labores comerciales, con las cuales apoyaba a su esposo. La situación de la matrona empeoró y tuvo que ser internada en cuidados intensivos falleciendo un mes después. Ante la situación Juan Alfredo y su esposa tomaron una decisión que para muchos era de locos, regresar a Cali para acompañar a la familia y ponerse al frente de la empresa, que vivía también su propia crisis. En los primeros meses se dedicaron a realizar un análisis de la estructura operativa, a entender el mercado y a identificar los errores que los habían llevado al borde de la quiebra. “Me enfoqué en la reorganización de procesos pensando en la eficiencia, en el control de costos. Con mi esposa hacíamos de todo. Era un trabajo muy duro. No teníamos una supervisora de confecciones que tomara tiempos, midiera y fuera eficiente. Pero yo tenía claro que en este negocio los productos son muy intensivos en mano de obra por lo tanto ese factor debía ser muy eficiente”, afirma Juan Alfredo sobre los primeros meses de su regreso a la ciudad. Ampliar mercado En ese momento, los clientes de Textiles Acrilán eran los comerciantes de la calle 13, el Pasaje Cali y el Pasaje Zamoraco, lo cual limitaba su mercado. Entonces decidieron identificar nuevas oportunidades en el área de publicidad, que con el tiempo se consolidó y hoy continúa generando el 25% de los ingresos. El siguiente paso fue buscar la entrada en los almacenes de cadena. En cinco años las cosas dieron la vuelta y para el 2004 el ritmo de pedidos les llevó a construir su propia tintorería. “Sabíamos que con nuestra producción, que estaba alrededor de las 30 toneladas, y la de nuestros competidores en la ciudad podíamos alcanzar las 250 toneladas. Invitamos a mi suegro a sumarse al proyecto, que nos costó sangre, sudor y lágrimas, vendimos todo lo que teníamos para montarla pero el resultado fue exitoso”, comenta el empresario sobre la estrategia que los llevó a integrar su cadena de producción para generar más eficiencia. Ese enfoque estratégico les ha dado resultado. Desde el 2007 le proveen a Falabella un millón de prendas al año, en un proceso de desarrollo conjunto de productos; en el 2014 se convirtieron en el principal proveedor de camisetas para Totto, que antes importaba desde China la mayor parte de sus productos; al Éxito le fabrican categorías en las marcas Bronzini, People y Weekend, y algunas referencias de la marca infantil Coquí. Y siguen como proveedores de pequeñas cadenas de confecciones y textiles como Almacenes Sí en Cali. Retos con foco Juan Alfredo tiene claros los principios de su estrategia: no concentrar más del 20% de la producción en un cliente, controlar el crecimiento cuidando la rentabilidad y realizar un seguimiento permanente de todos los procesos. “Todas las semanas me doy una vuelta por las tres plantas que tiene la empresa, incluida la de camisetas polo y la tintorería. Siempre reviso cómo están cortando la tela y si encuentro fallas les explico el impacto que tiene sobre los costos cuando dejamos un centímetro de desperdicio”, señala Juan Alfredo. El crecimiento de Textiles Acrilán también ha permitido la generación de más de 100 empleos en tres años, alcanzando los 290 trabajadores en las tres plantas. Y en los próximos meses entrará en operaciones una nueva planta de 800 metros en la que trabajarán 60 personas adicionales, todas capacitadas en los talleres de la compañía. Visión, control de procesos, disciplina y cultura del cumplimiento son los mandamientos de este empresario, para quien lo único seguro en la vida es el cambio y por eso está atento a la evolución de los clientes, los procesos y los mercados porque “con toda seguridad, lo que hoy sirve en procesos mañana estará obsoleto”, sostiene. En lo que resta del año trabajará en consolidar la meta de exportar a Brasil, Ecuador y México, meta que logrará con la misma precisión que estableció sus estrategias cuando recibió una empresa que era apenas una sombra a punto de desvanecerse.