YUCA: La dieta antidevaluación

Impulsar el cultivo de la yuca para usarlo como insumo nutricional de las industrias avícolas y porcícolas es una alternativa que mejoraría la estructura de costos de los empresarios, los blindaría frente a la devaluación y generaría más opciones para los agricultores colombianos. Para muchos vallecaucanos la yuca es un ingrediente infaltable en un buen sancocho. Y se espera que en poco tiempo también se convierta en el insumo clave para los industriales pertenecientes al cluster de Proteína Blanca en el departamento. Este propósito no es nuevo. A mediados de 1999 se firmó un convenio entre los avicultores, los porcicultores y el Ministerio de Agricultura que buscaba promover el cultivo de yuca como sustituto del maíz por considerarla el complemento ideal para la alimentación de ciertos animales. Esta iniciativa también permitiría mejorar los costos de producción del sector, ya que no dependerían de las importaciones de granos ni estarían sujetos a la volatilidad cambiaria. Al cabo del tiempo se recogieron algunos frutos pero sin lograr el gran alcance previsto. Así lo afirma Carlos Lozano, gerente de Huevos Santa Reyes, quien reconoce que esos proyectos deberían hacer parte de las políticas gubernamentales, pero lamentablemente siempre han estado sujetos a la fluctuación del dólar. Lo que ocurrió en 2015 con la divisa confirmó la urgencia de impulsar esta iniciativa. El dólar pasó de $1.800 a más de $3.000 en los últimos meses, lo que disparó los costos de producción por cuenta de las importaciones de maíz y otros granos. La consecuencia fueron los sobrecostos para los empresarios que, según Lozano, no siempre pueden trasladarse al precio final del producto y deben asumirse por cuenta propia. De acuerdo con el presidente de Fenavi, Andrés Valencia, en los costos de producción de la industria avícola el mayor porcentaje está constituido por el alimento y las materias primas. La producción nacional de maíz no supera el millón de toneladas al año, en tanto que solo la demanda de los avicultores supera los cinco millones de toneladas anuales de granos, entre soya, maíz y sorgo para la producción de alimento balanceado. Con este panorama cobra vigencia ese objetivo trazado hace siete años, de convertir a la yuca en la base de la dieta de pollos y cerdos en el país. El panorama hoy De acuerdo con el Centro Internacional de Agricultura Tropical (Ciat), ubicado en Palmira y referente mundial sobre los estudios en la materia, en el 2014 la producción total de yuca en Colombia fue de 2.076.368 toneladas y se sembraron 185.390 hectáreas con un promedio de 11,2 toneladas por hectárea. La cifra incluye los cultivos para consumo humano (ventas en fresco, ventas para procesamiento como yuca congelada y yuca parafinada) y los cultivos industriales. En el mismo año se sembraron 29.054 hectáreas de yuca industrial en Colombia con una producción de 508.445 toneladas (17,5 toneladas por hectárea en promedio). Esta variedad es la que se emplea para la obtención de almidón (rallanderías en el departamento del Cauca para obtención de almidón agrio, en la Costa Norte para almidón dulce y para chips o trozos secos para alimentación animal). Bolívar, Córdoba, Sucre, Magdalena, Atlántico y Cesar representan el 65% del área total cultivada, mientras que los Santanderes concentran el 10%. Les siguen el Valle del Cauca y el Norte del Cauca con el 5% y los Llanos Orientales (Meta y Casanare) con el 5%. Actualmente, las variedades más utilizadas para la agroindustria son Corpoica Tai, Corpoica Verónica, ICA negrita y venezolana. Por sus rendimientos productivos, las cuatro variedades son óptimas para ser usadas en las industrias avícola y porcícola. Según Jorge Luis Gil, zootecnista y asistente de investigación del Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR), del cual el Ciat es miembro, “a puertas de firmar un acuerdo de paz, la yuca será un jugador estratégico en las regiones colombianas. Si se aplica un contexto tecnológico en el cultivo, como en Brasil, podríamos ser competitivos frente al maíz importado”, afirma. La yuca se puede cultivar en minifundios y tiene alta tolerancia a la sequía y los suelos infértiles. Además, su precio está un 25% por debajo del precio del maíz. La oferta, por otro lado, depende de la estacionalidad del producto, que se cosecha entre noviembre y marzo, y de la zona de producción. En la Costa Norte se encuentra el mayor número de patios de secado de yuca y ahí se hacen grandes esfuerzos para generar mercados a largo plazo. El Ciat, por su parte, lleva más de cinco años trabajando con yucas biofortificadas y ha hecho avances a nivel de contenido de carotenos y betacarotenos (pigmentos usados por el cuerpo para producir vitamina A). Incluso, cuenta con materiales con altos contenidos de caroteno y desarrolla pruebas de cocción, almacenamiento y procesamiento de raíces y hojas para conocer el porcentaje de retención de los mismos. También ha desarrollado trabajos de alimentación de gallina ponedora, analizado el impacto de la yuca en la producción, rendimiento y coloración de yema de huevo con buenos resultados. Esta yuca podrá ofrecer un valor adicional a la industria. La venta En cuanto a comercialización, hay oportunidades a nivel privado y gubernamental. En noviembre de 2014, por ejemplo, se firmó el Acuerdo Marco de Competitividad para la cadena agroindustrial de la yuca y se creó el Concejo Nacional de la Cadena de Yuca en Colombia. A él se unieron Almidones de Sucre, Ingredion, Congelagro-McCain, la Gobernación del Cauca, Colfeyuca, Corpoica, Agrollanos, Clayuca y la Universidad del Cauca. Aunque ese fue el primer paso para estructurar un esquema gremial y a pesar de que en Colombia existen dos grandes centros de investigación, Corpoica y el Ciat, hay factores que complican su adopción como alternativa alimenticia para pollos y cerdos. Uno de ellos es que se concibe como un cultivo de pancoger que afecta los suelos. “Existe desconocimiento sobre las bondades de esta planta –afirma Gil-, sobre los beneficios nutricionales de hojas y raíces, sus propiedades como agente para elaborar productos y su resistencia, estabilidad y compactación útiles al elaborar pellets o alimento balanceado para peces”. Por eso el experto recalca que la consolidación de este alimento sería una solución óptima a los problemas de costos de la cadena de proteína blanca, pero hace énfasis en que ese sueño solo se cumplirá a largo plazo. Para esto hace falta la coordinación entre los gremios productores y los investigadores para transmitir conocimientos que se están produciendo desde hace décadas y confirman que la yuca tiene el visto bueno como alimento para animales.