Un emprendedor existencialista

Un emprendedor existencialista

2 abr 2018

Hace unos días tuve la oportunidad de conversar con quien considero el emprendedor más influyente de esta década en Colombia. Michel Olmi es venezolano, ronda los 46 años, y despacha, con tenis y sudadera, desde un pequeño parque empresarial cerca de Chía. Aunque es prácticamente un desconocido en el país, las empresas que ha fundado (D1, Justo y Bueno, Tostao, y Deliz), han puesto a temblar a algunos de los sectores más tradicionales de la economía nacional y están transformando los hábitos de compra y consumo de los colombianos.

Nos habíamos conocido hace casi 20 años en Miami cuando a ambos nos sedujo la ‘burbuja’ de las puntocom. Tras esa agridulce experiencia, Michel hizo estudios de doctorado en Matemáticas y Finanzas en Londres y trabajó con un banco en Alemania, donde lo pilló otra burbuja, la de los títulos respaldados por hipotecas. Con tiempo entre manos por la virtual desaparición de ese mercado, comenzó a explorar oportunidades de negocio. Lo intrigaba que en el país de la mecánica, la química y la industria pesada, las familias más ricas fueran las fundadoras de dos cadenas de tiendas de ‘descuento duro’: Aldi y Lidl. Dio con un exejecutivo de Aldi que había asesorado cadenas en países en desarrollo, y tras evaluar varios mercados, se decidió por Colombia, país de origen de su esposa de entonces.

Escogió como punto de partida a Medellín, por ser un mercado muy competido, pero que le permitía mantenerse bajo el radar. Con dinero que levantó junto con sus colegas del banco, compró dos supermercados de barrio a principios de 2009. La curva de aprendizaje fue empinada, ante la desconfianza de los proveedores en un modelo nuevo basado en precios muy bajos y surtido corto, y los problemas de seguridad. En octubre de ese año abrieron la primera tienda de marca D1 en Itagüi y cerraron 2010 con 50 tiendas en Antioquia. Lo que siguió fue extraordinario, las ventas se acercaron a los $600.000 millones en 330 puntos en 2014. Sin un peso invertido en publicidad, ya D1 estaba en el radar de todo el mundo.

Tras vender su participación en D1 en febrero de 2015, en abril de 2016 Olmi lanzó Justo y Bueno, un concepto similar con tiendas un poco más grandes y con algo más de referencias. Para garantizar el suministro y los mejores precios montó una comercializadora internacional para la importación, una empresa de ‘factoring’ para financiar proveedores y, de la mano de inversionistas, plantas de gaseosas, lácteos y salsas y mezclas. Aplicando la misma visión de democratizar los mercados para llegar a nuevos consumidores, sin distingo de estrato, ese mismo año lanzó Tostao Café & Pan, y el año pasado la cadena de restaurantes Deliz. Hoy Justo y Bueno tiene más de 400 tiendas en 9 departamentos, Tostao es la tienda de café y panadería con más puntos en el país (290) y Deliz espera cerrar 2018 con 60-70 restaurantes.

Si hubiera que definir la filosofía empresarial de Olmi, se podría decir que no la tiene o que es, de alguna manera, existencialista. Aunque le motiva profundamente sacudir mercados establecidos para bajar precios a los consumidores y pagar buenos salarios, es alérgico a las jerarquías y a la planeación estratégica. Su formación matemática lo hace poner énfasis en la aleatoriedad, por lo que prefiere la noción de uno de sus profesores, el estadístico Nassim Taleb, de que “la racionalidad consiste en evitar la ruina sistémica”. Por eso el cálculo que considera fundamental es del máximo valor que puede perder en un momento dado; una cuenta que harían bien en reproducir sus competidores.

Escrito para Elpaís.com.co

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