Capitalismo a la escandinava

Capitalismo a la escandinava

23 dic 2018

Uno de los grandes aportes del filósofo norteamericano John Rawls (considerado uno de los más influyentes pensadores sobre teoría política y moral del Siglo XX) a la noción de justicia social es su concepto del “velo de la ignorancia”. Rawls postuló una manera de aproximarse a decisiones sobre asuntos políticos y sociales que consiste en que los individuos imaginen que deliberan acerca de los mismos detrás de una especie de velo, que no les permite saber nada de antemano sobre sus propios talentos, habilidades, gustos y posición social. Los arreglos sociales que resultarán de adoptar esta perspectiva serían los más morales, pues no estarían mediados por intereses personales o de clase, por ejemplo.

Las sociedades nórdicas parecerían ofrecer la mejor versión terrestre de la sociedad ‘Rawlsiana’. Si una persona pudiera escoger dónde nacer, y no supiera con qué dotes y preferencias ni en qué familia y circunstancias lo haría, sería racional optar por un país escandinavo, pues combinan altos niveles de prosperidad con buena equidad de oportunidades e ingreso.

Los robustos Estados de bienestar de estas naciones, que incorporan altos impuestos y una amplia gama de servicios públicos de calidad, son frecuentemente citados como modelo, sobre todo por quienes detentan posiciones políticas del centro hacia la izquierda. Lo que algunas de esas mismas personas omiten reconocer es que esos Estados de bienestar y esas sociedades prósperas y equitativas se soportan sobre tejidos empresariales dinámicos y de gran escala que operan dentro de lógicas de mercado.

El hecho de que las 100 empresas más grandes de los cuatro países nórdicos (que en conjunto tienen el 60 % de la población colombiana), facturen casi seis veces más (US$900.000 millones por año) que las 100 mayores de Colombia, da una buena idea de la potencia del aparato productivo escandinavo.

En nuestro país, solo ocho compañías venden más de US$3.500 millones por año y solo dos venden más de US$10.000 millones; en Escandinavia hay más de 100 de las primeras y hay 28 de las segundas.

Esas empresas son también grandes empleadoras: las 10 mayores firmas de los países nórdicos generan 1,5 millones de empleos en el mundo entero; y las 100 más grandes, 3,3 millones. Esto contribuye a explicar por qué mientras que en Colombia más del 45 % de la población trabaja por cuenta propia, en Noruega ese porcentaje es solo del 5 %.

Entre los ‘campeones’ del empresariado nórdico —que exporta 13 veces más que el colombiano—, se encuentran marcas globales como Volvo, Maersk, IKEA, Nokia, Ericsson, H&M, Carlsberg, Electrolux, Yara, Lego y Astra Zeneca.

El caso escandinavo ilustra cómo lograr tener un Estado efectivo, garante de la justicia, los derechos y las oportunidades depende crucialmente de construir un tejido productivo grande, robusto y dinámico. Resulta diciente que aunque esas naciones tienen algunos de los impuestos más altos del mundo para las personas de altos ingresos, tienen tasas de renta bajas (20 %-27 % dependiendo del país) para las empresas.

Los países nórdicos coquetearon con el socialismo en las décadas de los setenta y ochenta, pero corrigieron rumbo en los noventa, buscando un equilibrio de Estado fuerte y mercado fuerte. Quienes buscan construir lo primero a expensas de lo segundo, están condenados a replicar sociedades fallidas como las que trágicamente aún subsisten en nuestro vecindario.

Escrito para Elpaís.com.co

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