Resistir valió la pena

3 Dic 2020

Una cadena de favores

Agridulce. Así fue el sabor que sintió Luis Carlos Almeida, gerente general de Distribuidora La Costa S.A., cuando se decretó la cuarentena en Colombia. Si bien contaba con la autorización para operar, dado que atiende al sector de las panaderías, también presentía el golpe que se le venía por cuenta del cierre indefinido de actividades en el sector HORECA (Hoteles, Restaurantes y Casinos).

Las medidas también afectaron el servicio técnico que brinda y la capacitación permanente que hace a los empresarios del gremio.

Pero eso no fue todo. La compañía empezó a recibir cartas de sus clientes en donde les expresaban sus dificultades para pagar sus cuentas o les comunicaban que iban a liquidar sus negocios porque no aguantaban más. Sin pensarlo mucho, les expresaron solidaridad a sus clientes y ofrecieron congelar saldos y seguirles facturando, mientras iban abonando.

La planta de empleados se sostuvo durante los tres primeros meses de la cuarentena, pero tuvieron que recortar un 15 % de los empleos. Hoy se ha reintegrado el 5 % de ese personal.

Junto a su plan de supervivencia, surgió el espíritu de solidaridad con quienes estaban en condiciones mucho más difíciles. Así, Almeida, gerente de Distribuidora La Costa S.A.; Jairo Ramírez, gerente de Panadería Kuty y José Félix Cipriani, propietario de la Escuela de Panadería ESA, decidieron unirse para producir y donar productos de panadería a unas 3.000 familias que se quedaron sin ingresos por cuenta de las medidas de aislamiento.

A la iniciativa se sumó la Secretaría de Desarrollo Económico de la Alcaldía de Cali, que coordinó las entregas. “Fuimos llamando uno a uno a los panaderos y nos decían ‘mándeme harina y margarina que yo produzco el pan’ -dice Almeida. A veces queríamos enviarles bultos de harina y cajas de margarina, pero nos decían ‘estoy produciendo poco, mándeme solo una arroba’. Otros pedían dos bultos diarios. Todos querían aportar”.

En total, cerca de 25 panaderías medianas y grandes participaron en la iniciativa, sin contar las pequeñas, que fueron muchas más, y las que se sumaron a la causa y ofrecieron sus propios insumos para favorecer a las personas más necesitadas de su entorno cercano.

Una vez superada esa etapa y reabierta la economía, las ventas para la compañía y el sector han empezado a reaccionar, especialmente en lo que se refiere a los insumos para producir pan. De acuerdo con Almeida, quien participó en el primer ciclo del programa Fábricas de Productividad, en su empresa el volumen de las ventas está un 10 % por debajo del alcanzado hace un año. Las ventas para el sector HORECA, por el contrario, solo alcanzan entre el 20 % y 25 % de lo facturado en el año anterior.

Aunque las ventas generales no compensan la caída que se observa en los restaurantes y pastelería, le permiten a la compañía tener cierto balance y por eso la premisa es seguir adelante.

“Lo que nos queda como experiencia de todo esto -recalca Almeida- es que podemos lograr grandes objetivos cuando nos articulamos en torno a una causa noble, transparente y honesta. Así no hay persona que se niegue a colaborar. Hablo por lo que vi en la cadena de panificadores o Macrosnacks: podemos apuntarle a proyectos más grandes desde la unidad”.

“Aprendimos a prepararnos para el cambio”

Danny Oszerowcz y su suegro fundaron El Café del Sol, en Unicentro, hace 18 años, el único negocio de la época con aire acondicionado y en donde se vendían cafés, sándwiches y ensaladas. Más adelante, abrieron otras sedes donde se adicionaron a la carta sushi, arroces, carnes, pizzas y cócteles, que facturaban mejor que el café.

La última apertura fue en Santa Teresita y se dio dos meses antes de que iniciara la cuarentena. “Reaccionamos volando y tomando decisiones rápidas”, afirma el gerente del negocio que hoy hace parte del programa De Cocinero a Empresario, de la Cámara de Comercio de Cali. Empezaron por los empleados: los de mayor edad, que llevan en la empresa cerca de 12 años, se les concedió una licencia no remunerada para que pudieran resguardarse en casa.

El personal se redujo por cuenta de la renuncia de varios de ellos o porque decidieron lanzarse a realizar domicilios, por cuenta propia o con el mismo café. “La clave fue cerrar la sede de Pance y quedarnos con las de Santa Teresita y Palmas Mall, así como eliminar los platos de la carta que no se ajustaban a los domicilios, buscar empaques idóneos para ese proceso y consolidar una buena logística porque de nada sirve que los platos salgan perfectos si el domiciliario se salta los policías acostados”, dice el gerente.

Mientras esos detalles se ultimaban vía Zoom, fue clave negociar con los dueños de los locales, que tuvieron una actitud comprensiva, y buscar aliados en el gremio para mejorar los empaques de acuerdo con la experiencia de los otros, lograr acuerdos conjuntos en la contratación de domiciliarios y optimizar los canales digitales para hacer más eficiente la toma de pedidos o cautivar clientes.

Así, entre una decisión y otra, llegó la hora de la reapertura. “Fue un cuento porque a la gente se le había olvidado cómo coger las bandejas -recuerda Oszerowcz-. En Palmas Mall la plazoleta es grande y eso nos ha favorecido. Estamos en un 70 % u 80 % de las ventas. Los domicilios representan el 50 % de ellas. En Santa Teresita operamos al 50 % de la capacidad”.

Además, hoy recogen los frutos de una idea sembrada durante la cuarentena. En esos días crearon ocho kits de sushi, que un chef enseñaba a preparar cada 15 días mediante un evento digital en vivo, que se convirtieron en una nueva línea de negocio para la compañía: hoy los clientes pueden pedirlos en sus sedes, donde se les da el link a un video para que aprendan a preparar este plato. Esto también fue un insumo para ofrecer eventos corporativos bajo este formato.

A partir de esos aprendizajes, el panorama para El Café del Sol luce positivo. Por estos días abrirá una nueva sede en La Flora, que generará 10 empleos para un total de 45 en toda la cadena. Los planes de expansión van más allá de las fronteras de Cali porque hay alternativas para crecer. Esto no habría sido posible sin el sentido de pertenencia que demostraron los colaboradores hasta en los peores momentos.

“A los que aguantamos nos han salido oportunidades. Al principio tuvimos temor porque no sabíamos lo que iba a pasar y teníamos obligaciones económicas por cumplir. Pero ahora sabemos que siempre hay que estar preparados para el cambio. Ya sabemos qué hacer en una situación como estas”, concluye el gerente.