Microempresa. Resiliencia y compromiso

Microempresa. Resiliencia y compromiso

23 Jun 2021

Luisa Fernanda Cadavid

Directora de Fortalecimiento Empresarial


En Colombia y en América Latina, las microempresas son ejes fundamentales del desarrollo económico y social. Según cifras del DANE 2020, estas empresas contribuyen con el 80% del empleo del país y el 35% del PIB nacional, una tendencia compartida con otros países de la región.

El paro nacional ha afectado gravemente a empresas de todo el país. En una encuesta realizada por Confecámaras a 12.979 empresas (mayoritariamente micro) en Colombia, después de un mes de haber comenzado las manifestaciones, más del 90% de los empresarios contestó que está en riesgo de perder entre 1 y 5 puestos de trabajo. Sin embargo, Cali ha sido el epicentro del paro nacional y por esto es vital dar un vistazo a la situación de las más de 68.678 microempresas registradas y renovadas en la Cámara de Comercio de Cali. En el Valle del Cauca, las dificultades en términos de movilidad, aprovisionamiento de materias primas, recaudo de cartera, seguridad física y del recurso humano, hacen más complejo el panorama y ponen en peligro la existencia de estas empresas.

En la última semana de mayo, la Cámara de Comercio de Cali encuestó 4.273 empresas del Valle del Cauca, de las cuales el 26,9% indicó que no está en operación actualmente y 63,3% reportó estar operando parcialmente con una utilización de capacidad instalada promedio de 39,2%. Así mismo, la información registrada sobre Cali evidencia que el 63,5% de las empresas presentó una disminución en el valor de sus ventas en relación con el mes anterior y 26,2% indicó que redujo el número de trabajadores.

Estas cifras son en sí mismas alarmantes, pero cuando las traducimos en historias como la de Claudia, nos dejan sin palabras. Cuando empezó la pandemia, Claudia era propietaria de una tienda de comida saludable que contaba con tres sedes en diferentes puntos de Cali en los duros meses de las cuarentenas fue necesario cerrar una de ellas. Sin embargo, con una resiliencia y creatividad de heroína logró mantener sus clientes, que ahora pedían por domicilio, así mismo reubicó a todos sus colaboradores en las tiendas que aún estaban abiertas. En los meses previos al paro recuperó y superó su punto de equilibrio pero la imposibilidad de acceder a insumos representó un retroceso importante. Las tiendas se quedaron sin el producto estrella traído de Bogotá y se minimizó el número de clientes, generando pérdidas económicas que llevaron a Claudia a tomar la dolorosa decisión que había logrado aplazar aún durante los meses de pandemia: despedir dos de sus 8 empleados.

Al otro lado de la ciudad, Piedad, una empresaria del distrito de Aguablanca que durante más de 10 años ha subsistido de la venta de pescado congelado que compra semanalmente en Buenaventura, se quedó sin su insumo y, por lo tanto sin ingresos para ella y su familia, desde la semana en la que empezaron los bloqueos. Este negocio no tiene costos fijos para minimizar, no puede prescindir de empleados o entregar un local porque es un negocio de autoempleo que funciona en su casa así que las consecuencias afectan directamente su calidad de vida y son devastadoras.

En este contexto resulta increíble que en la encuesta mencionada, el 60,9% de las empresas en Cali indicó que tiene la intención de continuar su actividad económica al 100% de la capacidad instalada. Evidenciando que el compromiso de la microempresa con sus sueños, con sus empleados y con la región no tiene límites, y esto como sociedad, debemos agradecerlo y reconocerlo. La generación de empleos permite que las empresas crezcan y con esto su aporte a la disminución de la pobreza, mejora en la calidad de vida, equilibrio en la balanza de la equidad y mejora en la economía de Cali y el Valle del Cauca.

Lo que hemos vivido en los últimos meses genera impactos en la economía y en la vida de las personas. La situación de pobreza se agudizó, se generaron rupturas profundas en el tejido social, y se hicieron visibles grandes retos para el gobierno, las empresas y la sociedad civil, entre los que se destacan generar nuevos lazos de confianza, recuperar los que están deteriorados o perdidos, propiciar nuevas y mejores oportunidades para los jóvenes y los más vulnerables, así como dar valor y reconocer el lugar de la microempresa en este proceso.

No se trata de hacer una ecuación para medir si fueron mayores las pérdidas o las ganancias sociales, económicas y políticas, sino más bien de pensar nuevas estrategias para ser una sociedad más equitativa. En este gran reto, la microempresa es un actor fundamental.

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