Oportunidad naranja

Oportunidad naranja

28 nov 2018

Una muestra más del notable progreso económico y social de Colombia en las últimas décadas es el florecimiento de sus industrias culturales y creativas.

Quienes crecimos en los años 70 y 80, antes de la apertura, lo hicimos en un país importador de contenidos y bienes culturales. La música contemporánea provenía del mundo angloparlante y de países como España y Argentina; y en sus variantes tropicales, de la República Dominicana, Puerto Rico y Venezuela. Las telenovelas venezolanas, mexicanas e incluso las argentinas y brasileñas, barrían con la producción nacional. La moda llegaba de ultramar. Solo Gabo, Botero y, a escala más regional, agrupaciones como Niche, sacaban la cabeza por las artes colombianas. Ni siquiera dábamos para actor de reparto en el escenario de la cultura y la creatividad mundial; éramos un mero ‘extra’, un espectador.

En el transcurso de una generación, nos hemos convertido en protagonistas en diversos campos de la cultura y la creatividad a escala continental, e incluso global.

Tras el éxito cosmopolita de Vives, Juanes y Shakira, los reguetoneros paisas están ahora entre los cantantes más escuchados del mundo. Las telenovelas colombianas han triunfado en Medio Oriente y Asia, y nuestro cine ha sido galardonado en Cannes, lo mismo que nuestros publicistas. Artistas como Doris Salcedo, Antonio Caro y Óscar Muñoz han expuesto en la Tate Gallery de Londres y/o el MoMA de Nueva York. En la moda, creadoras como Silvia Tcherassi, Johanna Ortiz y Nancy González han llegado a los almacenes y pasarelas más encumbrados del mundo, mientras que empresas como Studio F tienen cerca de 100 tiendas fuera de Colombia. Estos ejemplos rutilantes son la punta del iceberg de encadenamientos productivos con miles de otros individuos y empresas, menos visibles, que los soportan.

En buena hora el gobierno del presidente Duque ha querido dar impulso prioritario a la que es, con su biodiversidad, el único ámbito en el que Colombia tiene derecho a ser potencia mundial: el aprovechamiento de su riqueza creativa, fruto de su diversidad racial y cultural. La economía naranja, que agrupa las industrias culturales y creativas y sus industrias de soporte, crece a tasas extraordinarias, aupada sobre una demanda dinámica, bajos costos marginales (una canción se compone una vez y se puede reproducir sin costo ad infinitum) y la facilidad de distribución internacional (un app no viaja en contenedores, ni paga aranceles y puede llegar a públicos inmensos vía plataformas digitales). Además es, por su misma naturaleza, un renglón diverso, incluyente y poco contaminante.

Tras haber sido pionera del cine, la publicidad, el arte contemporáneo, el nuevo teatro, la música y la danza en Colombia, Cali quiere ser un actor protagónico de esta historia. Esta intención no es fruto de oportunismo político.

A partir de la caracterización de las industrias culturales que se hizo a inicios de la década de la mano del BID, la inclusión de la creatividad como un atributo clave de la narrativa de competitividad regional en 2016 y el posterior lanzamiento de Cali Creativa, la plataforma digital de visibilización y posicionamiento, la ciudad vivirá por segunda vez el Movimiento de Empresas Creativas (MEC), el festival creativo multisector más grande del país. Con más de 50 actividades de formación, conexión, exhibición y rueda de negocio en arte, música, moda, tecnología y audiovisuales, el MEC se tomará el centro de Cali entre el 28 y 30 de noviembre. Tres días de pura potencia creativa: www.mec.crcvalle.org.co #UnValleCreativo #CaliEsCreativa.

Escrito para Elpaís.com.co

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